(BUENOS AIRES).- «¿Qué haces, hermanita? ¿Cómo estás?», dijo Cristian nada más conectarse a la llamada, sin saber que del otro lado, en el estudio de OLGA, su hermana quedaba sin palabras. La maestra conocida como la Seño Gaby no veía a su hermano hace 7 años y el programa Sería Increíble, emitido por OLGA, eligió los festejos por el Día del Maestro para reunirlos en vivo, en un abrazo que terminó de entrar en lágrimas a todos los presentes.
El segmento fue parte de un homenaje que la producción de OLGA organizó para Gaby, una maestra querida por generaciones de alumnos. La conducción está a cargo de Nati Jota, Noe Custodio y Toto Kirzner, y también participa Nacho Elizalde. Todos terminaron conmovidos por el momento, que se emitió con motivo de los festejos por el Día del Maestro.
El plan que Cristian no esperaba
El hermano de la maestra contó en la llamada cómo se armó la sorpresa. «Los chicos me llamaron y me ayudaron la verdad que mucho porque estaba en temporada, todavía no terminó», explicó Cristian, que reside en España y estaba en plena temporada de trabajo cuando lo contactaron. La empresa donde trabaja también acompañó el plan: «Pero bueno, la empresa donde trabajo me dejó salir, ¿viste?», contó.
El viaje se concretó casi sin aviso. «Y así de un día para el otro te viniste», le recordó su hermana durante la conversación, en referencia a lo apresurado de la decisión. Cristian confirmó lo vertiginoso de la partida y sumó un detalle que le quedó dando vueltas: «Sí, me vine, me olvidé el regalo. Encima había salido de compra y me lo olvidé». Con el humor intacto, se autoconvocó: «Nada, regalo soy yo, creo».
Antes de la sorpresa mayor, el homenaje pasó por la trayectoria de la Seño Gaby. El segmento arrancó enfocado en recordar su paso por las aulas y la maestra fue sorprendida en el estudio por varios de sus exalumnos, que dejaron testimonios sobre su vocación humana. El reencuentro con Cristian llegó recién hacia el final, como cierre de la celebración.
La llamada también dejó lugar para la nostalgia. Cuando le preguntaron cómo era el vínculo con su hermana cuando eran chicos y cómo fue cuando él se fue, Cristian repasó su ida y vuelta: «Loco, no, y volvía siempre, pero bueno, se complicó estos años y nada más». De la infancia compartida quedaron los juegos en la calle: jugaban a ser maestra, a la mancha, a la escondida y a subirse a los árboles.
