ESPECTÁCULO

La estremecedora frase de Sergio Lapegüe: “¿Y si me llegó la hora?”

 

El conductor recordó la noche en que sintió que llegaba su hora, internado por Covid, y lo que se lamentó no haber hecho.

 
Segio Lapegüe
Segio Lapegüe

(BUENOS AIRES).- «¿Y si llegó la hora?». Sergio Lapegüe recordó el momento límite que vivió durante su internación por Covid, cuando todavía no había pasado a terapia intensiva, veía morir gente a su alrededor y no podía respirar. El conductor, de 62 años, dijo que entonces sintió que tal vez era el final y que se lamentó por lo que había dejado de lado.

«No sé si tuve miedo, pero sí sentía que, tal vez, era el final. Ahí sí me di cuenta, porque vos pensás que eso es eterno. Cuando estaba ahí, acostado, todavía no había pasado a la terapia intensiva, de pronto veía a la gente que se moría y yo no podía respirar. Dije: ‘¿Y si llegó la hora?’. Tenía 56 años y ahí me puse a pensar, y me lamenté, diciéndome a mí mismo: ‘Mirá qué boludo, me perdí un montón de cosas. La música, estar más con la familia'», contó Sergio Lapegüe, que hoy está instalado en las mañanas de América.

El Covid le dejó una secuela en los pulmones y neumonías en forma recurrente, aunque este año no tuvo ninguna y hace un montón de tratamientos para evitarlas. Después de esa crisis, hizo un click, sacó un libro que se llamó Parar y frenó dos años. Después volvió a enchufarse a 220: «Como es el ser humano, ¿no? El ser humano es el único que tropieza varias veces con la misma piedra», dijo.

Ocho horas al aire y casi 5 horas de auto

El ritmo que lleva hoy explica por qué cuesta bajarlo. Sergio Lapegüe está al aire ocho horas diarias entre radio y televisión, vive en Lomas de Zamora y dedica casi 5 horas por día al viaje en auto. «Es difícil hasta ir a un médico, no puedo ir a un gimnasio, pero bueno, son decisiones que tomé. Soy un apasionado de lo que hago y lo disfruto», explicó. Para ganar tiempo, hay noches en las que duerme en hoteles e incluso instaló un estudio en su casa para su ciclo de La 100, donde lleva 15 años, antes de volver a Capital por la noche para su ciclo periodístico en A24.

Sus rutinas nocturnas revelan a un Lapegüe íntimo: llega a casa a las 12 de la noche, cena, mira deporte para olvidarse de la política, camina alrededor de la cama para bajar la cena, ve media hora de series y juega al ajedrez online con rivales de todo el mundo hasta que se duerme. Sobre un eventual retiro, no le ve la vuelta: «Sueño con dejar de trabajar y vivir tirado en una playa, pero sé que eso puedo hacerlo durante una semana. Soy un enfermo del laburo», sostuvo.

La llegada de su primera nieta, hija de Mica Lapegüe, aparece como el único motivo que podría hacerlo bajar un cambio. «Voy a tratar de bajar un cambio cuando nazca la nieta. Al principio no, porque obviamente es un bebé, pero mi sueño es llevarla a la plaza, al colegio, a un club, algo que no pude hacer con mis hijos, porque al ser movilero…», dijo, y da por hecho que la bebé ya es de Boca, como su papá. Su otro hijo está becado en Harvard y es licenciado en Administración de Empresas.

Mientras tanto, vive un reencuentro con su esposa Silvia Todaro, la Bochi de siempre, con la que cumplió 37 años de novios el 26 de agosto y 35 de casados el 24 de abril. «Se volaron los pibes. Estamos los dos solitos en casa, que es grande, y es muy lindo el momento que estamos viviendo, pero muy nuevo», contó. Cuando lo llamó Juan Cruz Ávila, CEO de América, tenía 60 años y aceptó jugársela: «Si me llaman es porque valgo, y quiero probarme», se dijo entonces. La apuesta le salió bien: según él, le explotó la cantidad de trabajo.