ESPECTÁCULO

Sol Abraham reveló la trama secreta de su estrategia en Gran Hermano: “Por el juego”

 

Desgarradora confesión

 
Sol Abraham
Sol Abraham

(BUENOS AIRES).- «Todo lo que hacía en Gran Hermano era para provocar, era por el juego, yo no tenía nada personal». La frase es de Sol Abraham, que reveló por primera vez la estrategia que usó durante su paso por la casa para desestabilizar a sus compañeros. Lejos de despegarse de los cruces que protagonizó, la ex participante asumió que el conflicto fue una herramienta deliberada de juego.

La explicación de Sol Abraham apunta a desarmar la lectura que quedó de su actitud dentro de la casa. Ella sostiene que cada pelea respondía a una decisión calculada y no a una irritación genuina, y que la provocación era su manera de moverse en un entorno donde todo vale como jugada. El dato cambia el pie de la discusión: lo que se vio como temperamento, según su relato, fue táctica.

Sobre sus compañeros de encierro, la ex jugadora no dejó margen para la ambigüedad. «Ellos no sabían diferenciar y al final habla mal de ellos», dijo Sol Abraham. En su visión, el problema no estuvo en sus provocaciones sino en la incapacidad del resto para separar el juego de lo personal, y esa confusión es la que terminó jugando en contra de los otros.

Afuera de la casa, otra dinámica

«En Gran Hermano tuve varias peleas, pero fuera del contexto de la casa, es todo tranqui», aseguró Sol Abraham. Esa distinción entre el encierro y la vida cotidiana es el eje de su descargo: admite los cruces, pero niega que hayan dejado enconos. Para ella, una vez afuera, el juego se apaga y con él las disputas.

Su manera de vincularse, explicó, viene de mucho antes de la casa y no cambió con la fama. «Soy ansiosa con decir lo que me molesta rápido. Soy frontal con las personas que me interesan, no pierdo el tiempo», describió Sol Abraham sobre sí misma. La definición sirve de marco para entender por qué asume sin disimulos las peleas del reality: la confrontación directa es, en su caso, una constante de personalidad.

Ahora bien, esa frontalidad tiene un límite geográfico y afectivo bien marcado. «Por ejemplo en tocar bocina y peleas en la calle. Siento que no tengo que gastar energía en eso, si es con mis amigos y familia sí tengo que decirles», detalló Sol Abraham. Con desconocidos, dice, no le importa discutir; con su círculo íntimo, en cambio, la confrontación es obligatoria y no la pospone.

La síntesis de su relato queda entonces en esa frontera doble: la provocación dentro de Gran Hermano fue solo juego, y el conflicto verdadero, el que le interesa, está reservado para la gente que quiere. Esa energía, asegura, no se dispersa en la calle ni con extraños: se guarda para el círculo cercano, donde las cosas se dicen en el momento y sin vueltas.