(BUENOS AIRES).- “Hasta las dos o tres tienen libre.” Así recordó Guillermo Barros Schelotto que Carlos Bianchi se dirigió al plantel de Boca después de vencer 2-1 al Real Madrid en 2000. La indicación fue concreta: podían festejar hasta la madrugada, pero debían volver a entrenar a las nueve de la mañana siguiente.
El recuerdo incluyó también cómo transcurrieron esas horas: el plantel volvió al hotel después del partido, cenó y brindó por la conquista. Guillermo reconstruyó la frase completa de Bianchi: “Hasta las dos o tres tienen libre. Mañana a las nueve arrancamos, que hay que entrenar”. El permiso para celebrar tenía un límite y no modificaba la práctica prevista para la mañana: el equipo debía presentarse a las nueve.
El encuentro se disputó el 28 de noviembre de 2000 en Tokio. Martín Palermo marcó los dos goles de Boca y Roberto Carlos convirtió el tanto del conjunto español. Con esa victoria, Boca ganó la Copa Intercontinental y el plantel regresó al hotel para celebrar. La anécdota de Guillermo se centra en lo que pasó después, cuando el festejo ya había empezado y Bianchi fijó el horario para retomar el trabajo.
El compromiso siguiente llegó pocos días después. Boca debía regresar a Buenos Aires para enfrentar a San Lorenzo y ganó 1-0, con otro gol de Palermo sobre el final. Ese partido local da contexto a la indicación del entrenador: el plantel todavía tenía que competir en el torneo y la consagración en Tokio no cerraba la temporada. La pausa por el título duró apenas unas horas antes de la práctica.
Guillermo Barros Schelotto también recordó otro momento de aquella noche, en la habitación de Palermo, donde estuvo junto a otros compañeros. Allí, según contó, le preguntó: “¿Vos te das cuenta de los dos goles que hiciste hoy?”. El exdelantero explicó que no pasaban todo el tiempo hablando de ser campeones del mundo o de haber vencido al Real Madrid; conversaban e intentaban dimensionar lo que acababan de conseguir.
La confianza de Bianchi en sus delanteros tenía un antecedente. En 1998, cuando asumió como entrenador de Boca, los llamó a Guillermo y a Palermo durante la pretemporada en Tandil y les dijo que serían sus delanteros durante los primeros 20 partidos. Guillermo recordó esa decisión como una muestra de confianza inicial. Con el tiempo, los dos formaron una de las sociedades ofensivas más recordadas del club.
En la final ante el Real Madrid, Guillermo no fue titular: Bianchi eligió a Marcelo Delgado para acompañar a Palermo. El Mellizo ingresó durante los últimos minutos del partido y quedó ligado a aquella consagración. Años después, Guillermo Barros Schelotto recuperó tanto la orden de entrenar a la mañana siguiente como la charla que tuvo con Palermo en el hotel.
