(BUENOS AIRES).- “Cuando la vi mal, me apoyé en la Virgen y en Dios”, dijo Rocío Marengo, que completó una caminata de 47 kilómetros hasta la Basílica para agradecer por su hijo Isidro. El recorrido duró 12 horas y transcurrió entre lluvia y cansancio.
Antes de salir de su casa, Marengo se acercó al cochecito donde estaba el bebé y le explicó por qué se ausentaría durante la jornada. “¿Qué pasa, mi amorcito? Voy a ir a agradecer que viniste a mi vida. Te amo, hermoso”, le dijo. La frase resumió el motivo de la caminata: agradecer por la llegada de su hijo, después de un camino hacia la maternidad que describió como difícil.
Rocío Marengo inició la Peregrinación a Luján en Liniers, punto de partida de la marcha, y avanzó hacia el oeste bonaerense. Durante el trayecto pasó por Castelar, Ituzaingó y Merlo; al comienzo enfrentó lluvia persistente y fuertes ráfagas de viento. Con el correr de las horas, la lluvia cedió y salió el sol. La conductora compartió distintos momentos del recorrido en sus redes.
Al llegar a la Basílica, Rocío Marengo ingresó emocionada y dejó un mensaje escrito para la Virgen de Luján. En su reflexión posterior, agradeció a quienes la acompañaron y respetaron su historia: “Gracias por acompañarme, por conocer mi historia, por respetar y empatizar conmigo… por entender que donde estoy no fue fácil”. Luego explicó el lugar que tuvo la fe en ese momento: “Cuando la vi mal, me apoyé en la Virgen y en Dios”.
El esfuerzo físico también ocupó un lugar central en su balance. Marengo describió el desgaste y los momentos en los que sintió que había llegado al límite: “Porque hay momentos en los que el camino se hace muy cuesta arriba. El cuerpo pesa, se pone como una roca, las pantorrillas se te ponen como de madera, la mente en off total, y una siente que llegó al límite… pero aparece algo que te da ese pelín que seguís”. La frase también reflejó cómo, según contó, encontró fuerzas para continuar.
Isidro nació el 3 de diciembre de 2025, cuando Marengo cursaba la semana 33 de gestación. Fue prematuro y permaneció varios días en neonatología; nació en el Sanatorio Otamendi y pesó 2,480 kilos. Es hijo de Marengo y Eduardo Fort. Ese antecedente forma parte de la historia personal a la que ella aludió al decir que el camino hasta su presente como madre no había sido fácil.
Las personas que la acompañaron ocuparon buena parte de los agradecimientos de Marengo. Sobre la Parroquia San Patricio, escribió: “Gracias a todos y cada uno de los que hicieron más llevadera mi peregrinación. Gracias a la Parroquia San Patricio, con la que una vez más tuve la dicha de peregrinar; son enormes”. También destacó a sus amigas: “A mis amigas, que lo dieron todo y más… que cuando una caía, la otra la levantaba y seguíamos… Vivimos algo hermoso.” A quienes no la conocían personalmente les agradeció las palabras y los gestos de aliento durante la caminata: “Y a cada persona que, sin conocerme personalmente, se acercó a regalarme una palabra, un saludo, una charla pasajera o ese grito de aliento tan necesario para seguir”.
