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VIDA Y ESTILO

Gamay y Beaujolais: la dupla que revolucionó la historia del vino francés

Una relación simbiótica une a dos destacados vinos de Francia, que le dan identidad a una región.

Beaujolais

Gamay y Beaujolais son dos nombres inseparables, unidos en una relación simbiótica que marcó la identidad de una región. Lejos de vivir a la sombra de variedades francesas más célebres, el Gamay brilla con luz propia. Su rasgo esencial es la capacidad de dar vinos frescos, frutales y fáciles de disfrutar, con un encanto inmediato que lo distingue.

En un mundo globalizado donde crece la preferencia por los vinos ligeros, el Gamay gana terreno de la mano de la estrategia de marketing del Beaujolais. Su expresividad aromática despliega notas de frutos rojos como frambuesa, cereza y frutilla, con toques florales y especiados. Con taninos suaves o moderados, acidez vibrante y un cuerpo de ligero a medio, resulta ideal para beber joven.

La vinificación también juega un papel fundamental. El Gamay permite elaborar vinos ligeros y festivos como el Beaujolais Nouveau, pero también tintos de guarda, con cuerpo y estructura, provenientes de los crus más prestigiosos de la región. Esa versatilidad es la que consolidó al Beaujolais en el mapa mundial del vino.

El tiempo, un gran aliado

Borgoña es la cuna del Gamay, con la primera referencia escrita en 1360, tras la peste negra. Los viticultores lo apreciaban por su rápida maduración y accesibilidad. Sin embargo, en 1395 el duque Felipe el Audaz lo prohibió, acusándolo de ser una cepa “indigna” frente a la noble Pinot Noir. Ese acto, paradójicamente, marcó su destino.

El cultivo se trasladó al sur, donde Beaujolais lo adoptó y lo convirtió en su emblema. A partir de los siglos XV y XVI, la ciudad de Lyon, próspera y comercial, lo abrazó como su vino preferido, fresco y frutal, sin necesidad de largas esperas para beberlo. Así nació la fama de una bebida popular y cercana.

En el siglo XIX, gracias al ferrocarril, París comenzó a recibir con entusiasmo los vinos del Beaujolais. El Gamay viajó junto a las nuevas corrientes comerciales y se asoció a la idea de celebración y alegría. Con ello, la identidad del Beaujolais quedó sellada como sinónimo de vino accesible y festivo.

Los crus de Beaujolais

La región cuenta con diez crus que van mucho más allá del Nouveau: Saint-Amour, Juliénas, Chénas, Moulin-à-Vent, Fleurie, Chiroubles, Morgon, Régnié, Côte de Brouilly y Brouilly. Cada uno aporta un estilo propio, pero todos nacen de la misma uva que aquí alcanza su máxima expresión.

Algunos crus, como Fleurie y Chiroubles, son reconocidos por su delicadeza floral y su elegancia ligera. En cambio, Moulin-à-Vent y Morgon se destacan por su potencia y capacidad de guarda, capaces de rivalizar con grandes tintos de Borgoña. Esta diversidad muestra que el Beaujolais es mucho más complejo de lo que muchos suponen.

Cada cru refleja la historia de su pueblo. Saint-Amour es romántico y perfumado, Juliénas especiado y vigoroso, Régnié accesible y moderno. Côte de Brouilly y Brouilly brillan por su fruta vibrante. Juntos conforman un mapa apasionante donde el Gamay despliega todo su potencial.

Beaujolais Nouveau, una fiesta

La tradición del Beaujolais Nouveau comenzó en el siglo XX, cuando los productores vendían el vino joven apenas fermentado. En 1951, la legislación francesa autorizó esta práctica y el lanzamiento se convirtió en un ritual esperado. La atracción estaba en probar la cosecha semanas después de la vendimia, sin necesidad de esperar.

En los años 70 se fijó oficialmente el tercer jueves de noviembre como fecha de lanzamiento. Con campañas publicitarias ingeniosas y la complicidad de bares y restaurantes de Lyon y París, el evento adquirió dimensión nacional. La frase “Le Beaujolais Nouveau est arrivé!” encendía cada año la expectativa. En los años 80, el fenómeno se internacionalizó y llegó a Tokio, Nueva York y Londres.

En Japón incluso se organizan spas con baños de vino Gamay, mientras en otras ciudades se celebran cenas y maridajes especiales. Lo que empezó como costumbre regional terminó como símbolo global de alegría francesa. Con el tiempo, esa consigna se volvió emblema cultural: “Le Beaujolais Nouveau est arrivé!”.

Pintada en carteles, repetida en bares y luego exportada al mundo, anunciaba la llegada del nuevo vino como un acontecimiento cultural. Más que un lanzamiento comercial, era la señal de que la cosecha estaba lista para brindar y compartir.