CONICET: un grupo de científicas ganó el premio Arcor a la Innovación con una barra de cereal

Se trata de un alimento para diabéticos producido a partir de los desechos de la elaboración cervecera.
<a href="https://elintransigente.com/sociedad/2019/09/09/conicet-un-grupo-de-cientificas-gano-el-premio-arcor-a-la-innovacion-con-una-barra-de-ceral/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-09-09T08:31:46-03:00">septiembre 9, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-09-09T08:33:05-03:00">septiembre 9, 2019</time></a>

Un equipo de científicas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (CIDCA, CONICET-UNLP-CICPBA) ganó el Premio Arcor a la Innovación, organizado por la empresa en conjunto con la Secretaría de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. La investigadoras se quedaron con los $200 mil gracias a la invención de una barra de cereal, apta para diabéticos, y generada a partir de los residuos de la elaboración de la cerveza.

Su proyecto fue presentado por primera vez en la “Technofair”, un evento realizado en el 2017 por la Cervecería Quilmes. Con anterioridad, su barra de cereal había sido finalista del Premio INNOVAR 2018, sin embargo, las científicas continuaran perfeccionando el producto hasta alcanzar una formula con todos los componentes azucarados reemplazados por edulcorantes, para cumplir con los requerimientos de las personas diabéticas.

Así, el ingrediente principal de estas barras es el bagazo de la cebada, es decir el subproducto que genera la industria cervecera. “Las barras de cereales utilizan avena o granola como base, y en este caso el hecho de incorporar un residuo que normalmente se descarta permite no sólo abaratar costos de producción sino también aumentar el aporte de nutrientes esenciales, teniendo en cuenta que naturalmente los posee en cantidades muy abundantes”, expuso Paula Bucci, becaria doctoral del CONICET e integrante del equipo ganador.

“Comparado con las marcas comerciales, este producto saludable aportaría casi el doble de fibras y un cuarto más de proteínas, a la vez que disminuiría el tenor graso”, agregó. Asimismo, esta invención también tiene como beneficio la solución de un problema medioambiental, en relación con el desecho de los residuos, generados en grandes cantidades. De hecho, se generan alrededor de 2 kilos de desechos de la cerveza cada 10 litros. Si bien también es utilizado como abono para tierra y alimento para ganado, no es suficiente para reutilizar todo el excedente.

“Sucede que tiene un alto contenido de agua, entonces sufre una descomposición de menos de 24 horas, entonces el tratamiento tiene que ser en ese lapso o se pudre y, además de generar mal olor, atrae roedores”, explicó Noemí Zaritzky, investigadora del CONICET y directora del proyecto, al señalar que este desecho de la producción cervecera es altamente contaminante si se lo tira como se hace con la basura regular.

Las investigadoras señalaron que su principal desafío con el bagazo fue calcular la cantidad de fibras y proteínas que contiene, ya que no son siempre los mismos. “El principal trabajo que hemos llevado adelante ha sido lograr estandarizar esos niveles antes de mezclarlo con otros ingredientes, para que la calidad nutricional quede equilibrada y dentro de los valores permitidos. También hicimos pruebas de vida útil, análisis sensorial, contenido microbiano, entre muchos otros ensayos”, señaló Bucci.

El objetivo del proyecto ganador es que este bagazo de cebada, obtenido como desecho de la elaboración de cerveza, sea contemplado por el Código Alimentario Argentino,algo que lo habilitaría a ser utilizado no sólo como un cereal sino también en forma de harina. “Nosotros nos especializamos en el consumidor diabético, pero eventualmente se podría producir masivamente para los colegios y cualquier persona que aspire a comer de manera más saludable”, establecieron las científicas.

En total, el equipo ganador también estuvo integrado por Juliana Palacio Orjuela, becaria posdoctoral del CONICET  en el CIDCA, y María Victoria Santos, investigadora del CONICET en el Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC, CONICET-UNCOMA). Hubo más de 100 participantes y las ganadoras fueron elegidas de entre 5 equipos finalistas. De hecho, otro proyecto del CONICET estuvo entre los seleccionados para el gran premio final. “Jugos de frutas funcionales con aceite de chía nanoemulsionado como fuente de ácidos grasos ω-3: una alternativa a suplementos dietarios convencionales”, era su titulo y era dirigido por Ana María Renata Pilosof, del Instituto de Tecnología de Alimentos y Procesos Químicos (ITAPROQ, CONICET-UBA).