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Florencia Kirchner

ESPECTÁCULO

Florencia Kirchner regresó a Instagram con recomendaciones literarias

La creadora de contenido audiovisual compartió algunas reflexiones especiales con sus seguidores en una plataforma.

Florencia Kirchner arribó a las redes sociales en el 2020 y se convirtió en una usuaria frecuente de Instagram. En ese lugar, la joven suele compartir reflexiones y también varias reseñas de las ficciones que la marcaron, de hecho, en su posteo más reciente recomendó una serie de libros a los que definió con palabras singulares.

Para comenzar la hija de la vicepresidenta, expresó: «La nena oculta es quien les escribe. Le hablo a una amiga y surge la idea de escribir acá-de escribir para absolutamente nada-. Max Blecher-amada lengua rumana-hace leer a su personaje Emanuel en’“Corazones Cicatrizados’ a Isidore Ducasse, conocido por todxs como Conde De Lautréamont. A mí me lo hizo leer la Pizarnik y, como Emanuel, también lo leí en mi lecho de la noche-claro que sin un corsé, ni atada a un carrito que a él le fueron indispensables para por más o menos tiempo, seguir viviendo»

«En la primera parte de ‘Los Cantos De Maldoror’, él, Maldoror, saluda al océano, y aún asumiendo que el corazón humano es más profundo y más misterioso que el océano, escribe: ‘El hombre dice: . Es posible; quizás hasta sea cierto; pero más miedo tiene el hombre del océano, que el que éste le tiene al hombre: lo cual no necesita demostración.’ Y Blecher, sabe: en la enfermedad se conoce el miedo y viene con olor», añadió después.

Y remarcó: «Que Blecher, quien pasó su vida breve acostado en sanatorios, sitúe ahí su novela y frente al océano, no es casual. Que una noche una chica-también enferma, claro-llamada Isa preste a Emanuel el libro de Lautréamont, tampoco. Que en enfermedad se intensifiquen los lenguajes-en cualquiera de sus variantes-menos casual todavía. Ahora, vuelta yo a lo primero: el océano y el que tiene una enfermedad, cómo decirlo… O… No. No voy a decir. Diga lo que diga, tanto el océano como la enfermedad, me demuestran lo poco que sé, y eso, claro que lo sé».

«Todos los días era, es y será aprender la ola física y mental que nace y hace. Escuchamos: ‘Esto que podías, se-fue…’. Empieza lo que no tiene nombre, algo como el tenderse por debajo de ese puñado de océano; el otro lado de la ola en los ojos. Estamos ahí, en lo no deseado, tiempo que ojalá nunca hubiese sido, estamos ahí, animados a detestar, a sentir místico, enamorados, putrefactos. Como dice Maldoror ‘(…) no enrojecer ante la idea de lo que es el corazón humano’. Los dejo con Los Perros de Lautréamont y el César de Blecher», expuso para terminar.