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SOCIEDAD

RUTAS SIN OLVIDO – Camino Real y Camino del Inca

El Camino Real y el Camino del Inca se conservan aún en partes pequeñas para gloria de sus hacedores, admiración y encanto de sus múltiples paisajes.

(Por R. Federico Mena-Martínez Castro).-Se conoce como Camino Real la importantísima vía de comunicación durante el siglo XVI que atravesaba toda la Argentina, el Alto Perú o sea la actual Bolivia, para terminar en Lima (Perú). Fue tan importante que, mediante ella, fue posible la fundación de ciudades, su ocupación y poblamiento.

Uno de los tantos ejemplos es la ciudad de San Miguel de Tucumán fundada por don Diego de Villarroel en el año 1565, trasladada treinta años después al sitio de La Toma.  Diego de Villarroel estaba íntimamente emparentado con su mentor don Francisco de Aguirre, y una calle de la ciudad hoy se conserva como salida o entrada hacia la localidad de Tafí Viejo bajo el nombre de “Camino al Perú”, siendo parte del Camino Real a Santiago del Estero y conserva su nombre desde la poca colonial.  

Este camino constituye la historia viva de lo que fue nuestro territorio donde todo estaba por hacerse, constituyendo un patrimonio cultural que aún pervive. El camino real principiaba en la ciudad de Buenos Aires en los que hoy es la Avda. Rivadavia que, con el transcurso de tiempo sufriera varias denominaciones, como Calle de Las Torres también de Los Reinos de Arriba y Calle Plata o también Camino del Oeste.

La mayor parte de esta ruta se ha perdido y de ella solamente persisten algunos tramos. Durante la administración del rey Carlos III, se estableció un sistema de postas que unía los dos principales virreinatos sudamericanos, como ser el de Lima en el Perú y el de Buenos Aires uniendo de esta manera los océanos Pacífico y Atlántico para fortalecer no solamente las comunicaciones, sino también el comercio que floreció inusitadamente para beneficio de los pueblos y del propio reino español.

Esta ruta se instituyó por disposición del capitán general de la Gobernación del Río de la Plata, a su vez presidente de la Real Audiencia de Buenos Aires, don José Martínez de Salazar contando con dos vías principales, por un lado, la ruta a Lima y por el otro que dirigiéndose hacia el oeste llegaba a las provincias cuyanas. La primera de ellas siguió en gran parte la actual ruta 9 mientras que la segunda seguía un trazado parecido a la actual ruta 7.   

El viejo sistema imperante de postas fue sumamente importante, pues alrededor de ellas fueron formándose pueblos y ciudades hasta que la modernidad del ferrocarril en la década de 1870 desplazara las postas para dar lugar a las vías férreas con sus respectivas estaciones agilizando de esta manera las comunicaciones entre ciudades y por ende también haciendo florecer el comercio.  

En el camino de las postas es de mencionar entre otras, la misión jesuítica Caroya que se encuentra cerca de Jesús María (Córdoba), que perteneciera al sacerdote jesuita Ignacio Duarte Quirós y cuya casa fuera construida por los indios en 1616, para ser luego transformada en el año 1814 por el ejército independista en fábrica de armas blancas, siendo hoy monumento histórico nacional.

Mencionamos también la posta de Sinsacate donde se encuentra el museo nacional jesuítico constando de una capilla y una serie de habitaciones para alojar a los viajeros.

Sería imposible para una nota periodística consignar todas las postas del camino, pero sí haremos mención a la famosa Barranca Yaco donde el 16 de febrero de 1835 fuera asesinado Facundo Quiroga, caudillo riojano de larga fama en el país. Recordaremos que ese asesinato se debió a la orden emitida por los hermanos Reinafé que gobernaban Córdoba.   

De las postas del Camino Real ubicadas en la provincia de Buenos Aires sólo mencionaremos las de Luján y San Antonio de Areco.

En la provincia de Santa Fe entre otras, nombraremos el Arroyo Pavón y Arequito.

En Córdoba también Cabeza de Tigre y Capilla de Dolores.  En esta posta se dividía el camino para dirigirse a Santiago de Chile pasando por San Luis y Mendoza, además existían la de Río Tercero y Ojo de Agua

En Santiago del Estero (93 leguas) nombramos Pampa Grande y Loreto.

En Tucumán (63 leguas) aparte de la ciudad capital se encontraban postas como las de Ticucho, Tapia y Trancas.

En la provincia de Salta (72 leguas) ubicamos a Rosario y Yatasto a pesar de que el genealogista Rogelio Saravia Toledo ha publicado que Yatasto nunca fue posta sino una hacienda perteneciente a su familia. También estaban aparte de la ciudad capital Cobos y La Caldera.

En Jujuy (70 leguas) destacamos aparte de la capital Volcán, Huacalera, Cabaña y la Quiaca.

En el Alto Perú, actual Bolivia, nombramos a Suipacha, Tupiza, Santiago de Cotagaita, Chapaca, Potosí, Oruro, Calamarca, La Paz, Tiahuanaco y Guaqui.

En el virreinato de Perú se encontraban entre otras no menos importantes, Tambillo, Puno, Pomata, Ilave, Acora y Chucuito, y naturalmente Lima.

Este Camino Real desde la localidad de Puno se bifurcaba en dos caminos, por Arequipa y Cuzco, con numerosas postas entre ambas.

Las postas existentes el camino eran sitios donde se efectuaba el cambio de cabalgaduras, dejando los cansados para utilizar caballos frescos, teniendo en cuenta que la distancia entre postas era de entre cuatro y siete u ocho leguas, de manera que en un viaje a Lima un chasqui a caballo del servicio de correos podía emplear un promedio de 30 o 40 días a razón de 30 leguas. Recordemos que la legua de posta promediaba entre 4 y 7 kilómetros.

CAMINO DEL INCA o QHAPAK ÑAN

Este camino hoy declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, constituía la red vial del Tahuantinsuyo formando una red de caminos que cubría enormes distancias, vinculando ciudades de la costa y de la sierra mediante dos ejes longitudinales: el sector de la cordillera y el de la costa. Estos caminos fueron trazados y mejorados por la civilización incaica, pero tomando como base los trazados de civilizaciones anteriores que superaban los 30.000 kilómetros y desembocaban en la ciudad del Cusco, capital del Tahuantinsuyo. En idioma quechua Qhapag Ñan quiere decir “recorrido del rey”.

Desde el Cusco estos caminos permitían llegar sin problemas a la capital es decir a los cuatro “suyos o regiones que constituían el imperio, lo que les permitía un control económico y político para consolidar permanentemente su poderío e influencia en los hoy cuatro países, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú además de Argentina. Según algunos autores la totalidad de la red vial llegaba a los sesenta mil kilómetros, extendiéndose por el sur hasta Mendoza y hacia el oeste hasta el gran Chaco y Parte de Paraguay. Hubo autores que la compararon con la Gran Muralla China o bien con la Ruta de la Seda.

Esta inmensa obra fue iniciada por el Inca Pachacútec y tenía por finalidad aparte de mantener el control en los territorios anexados, trasladar funcionarios y permitir el rápido traslado de tropas en caso de necesidad, ya que la red montañosa y la costera se unían por líneas viales transversales. Maravilla en estos tramos la ingeniería de sus puentes colgantes.

El Camino Real y el Camino del Inca se conservan aún en partes pequeñas para gloria de sus hacedores, admiración y encanto de sus múltiples paisajes.