Florencia Peña fue al programa Las chicas de la culpa, en Eltrece, y en menos de media hora logró lo que pocas veces consigue la televisión: que el estudio entero se riera a carcajadas mientras se hablaba de sexo con una naturalidad que no es tan frecuente en pantalla. La actriz no solo confirmó que usa disfraces con su pareja, sino que terminó contando una historia doméstica tan inesperada como irresistible.
La confesión de Florencia Peña que causó risa en el estudio
Todo empezó cuando Malena Guinzburg sacó el tema de los juegos de roles. Peña no esquivó nada: confirmó que los disfraces son parte de su vida íntima y explicó con humor que el juego requiere cierta dirección previa. «No podés dejar a libre albedrío. No es Improcrash», lanzó entre risas. También contó que el factor sorpresa era clave: salía de la habitación sin que su pareja supiera con qué personaje iba a volver. Entre sus favoritos, una enfermera y «la chica que te hace la cama en el hotel». Aunque también reconoció que a veces la situación se volvía demasiado cómica y ella misma la bajaba sin querer.
Pero el momento más comentado llegó después, cuando Peña recordó una escena reciente en su propia casa. Estaba ordenando con amigas y empezaron a aparecer juguetes sexuales por todos lados. «Me mandaban fotos y me decían: ‘¿Y con esto qué hacemos?'», contó. La explicación detrás de semejante inventario tiene lógica: durante años fue imagen de un sex shop y recibió una cantidad considerable de productos para testear. «Yo soy muy tester», reconoció sin el menor pudor.
El resultado fue una acumulación que con el tiempo quedó dispersa por distintos rincones de la casa, y que la limpieza general sacó a la luz de golpe. «Abrís un cajón y hay dos satisfyer», describió, todavía con cierta sorpresa. Las preguntas de quienes la ayudaban eran constantes y su respuesta era siempre la misma: guardar. Aunque en un momento, entre chistes, deslizó que llegó a sugerirles que los usaran, para después aclarar que la propuesta podía resultar un poco incómoda.
La escena resume bastante bien el sello de Florencia Peña: hablar de lo que la mayoría calla, hacerlo con humor, y lograr que nadie en el estudio pueda mirarla sin sonreír.
