Los alfajores caseros siempre ganan, pero esta versión tiene algo extra. La receta es de Agos Chinelli, pastelera marplatense especialista en alfajores, y reemplaza parte de la harina refinada por avena e integral, suma cacao amargo y logra una masa con carácter, más saciedad y un perfil nutricional más interesante. El resultado: un alfajor intenso, apenas rústico, con aroma profundo y el dulzor justo.
Paso a paso de la receta de alfejores saludables
Para hacer aproximadamente 18 tapitas se necesitan 1 huevo, 1 cucharada sopera de miel, 60 g de azúcar mascabo, ralladura de naranja, 1 taza de harina integral, 1 taza de harina de avena, 80 cc de aceite de girasol o maíz, 2 cucharaditas de polvo para hornear, 30 g de cacao amargo y 1 cucharadita de esencia de vainilla. Para el relleno y terminación: dulce de leche a gusto y coco rallado.
La preparación arranca mezclando el aceite con el azúcar mascabo, la miel y el huevo. Se perfuma con la ralladura de naranja y la esencia de vainilla, y se incorporan los ingredientes secos: harina integral, harina de avena, cacao y polvo para hornear. Se integra todo hasta formar una masa homogénea y se lleva a la heladera durante al menos 30 minutos. Este paso es clave y no se puede saltear: el reposo hidrata la masa y la hace mucho más fácil de trabajar.
Una vez fría, se estira la masa con un poco de harina o entre papeles separadores, se cortan las tapitas con un cortante y se hornean en horno precalentado a 180 °C durante 8 a 10 minutos, hasta que estén apenas doradas. El grosor importa: si quedan muy gruesas, el resultado puede ser pesado. Lo ideal es un espesor medio para lograr buena textura. Una vez fríos, se rellenan con dulce de leche, se unen y se pasan los bordes por coco rallado.
Un dato que vale la pena saber: como pasa con muchos alfajores caseros, al día siguiente están mejor. El relleno humedece la masa con el tiempo y mejora la textura notablemente. Para variantes, se pueden bañar en chocolate semiamargo o rellenar con pasta de maní o mermelada sin azúcar. El cacao amargo puro es fundamental: mejora el sabor final y evita un exceso de dulzor innecesario.
