Hay frases que solo cobran su verdadero peso cuando ya es tarde para decirle algo a quien las dijo. Luis Brandoni habló sobre el final de su vida en una entrevista con La Nación, con la serenidad que lo caracterizaba y sin ningún dramatismo. Hoy, después de su muerte a los 86 años, esas palabras circulan de nuevo y generan una emoción difícil de contener.
Las palabras de Luis Brandoni sobre su final
«Encontrarle un final dichoso a mi final. Eso es el futuro. A mí me parece», había dicho en aquella charla. Una frase que en su momento sonó como una reflexión tranquila de un hombre consciente del tiempo que pasa, y que hoy resuena como algo mucho más grande. No hay angustia en esas palabras, sino aceptación. No hay miedo, sino el deseo concreto de cerrar bien una historia que valió la pena vivir.
Otra de las expresiones que más circularon en las últimas horas fue cuando habló de imaginarse un cierre celebratorio: «Voy a ver si yo me armo un futuro dichoso, decir: está bien, llegó el momento de dar las hurras». La metáfora es pura elegancia. Brandoni no hablaba de rendirse ni de resignarse, sino de llegar al final con la misma dignidad con la que había transitado todo lo demás.
Pero sus palabras no se quedaron en lo personal. Como en casi todo lo que decía, Argentina aparecía inevitablemente. «Gran parte del porqué de mi vida fue la suerte o la mala suerte, o el mal momento del país», afirmó, dejando en claro que nunca separó su historia de la del país que amaba y que defendió durante décadas. Militante histórico de la democracia, defensor de la cultura y voz activa en debates públicos, Brandoni entendía que la realidad argentina había atravesado cada etapa de su existencia. «Eso me importó mucho siempre, todo, todos los días», completó.
Esa combinación de conciencia del tiempo, amor profundo por su oficio y compromiso con lo colectivo es exactamente lo que hace que sus frases duelan hoy de una manera particular. No porque sean trágicas, sino porque son verdaderas. Brandoni sabía quién era, sabía lo que había hecho y sabía cómo quería irse. Y al final, con todo lo que eso implica, parece que lo logró.
