Hacer yogur en casa es mucho más simple de lo que parece, y esta receta se volvió tendencia por su practicidad y sus beneficios. Con pocos ingredientes y sin necesidad de equipos especiales, podés lograr un yogur cremoso, natural y sin conservantes.
Cada vez más personas eligen preparar su propio yogur para controlar lo que consumen y evitar azúcares agregados. Además, es una opción más económica y se puede adaptar a distintos gustos.
Para esta preparación solo necesitás un litro de leche y dos cucharadas de yogur natural (que será el fermento inicial). Es importante que ese yogur no tenga azúcar ni saborizantes.
El primer paso es calentar la leche hasta que esté bien caliente, pero sin que llegue a hervir. Luego, se deja entibiar hasta alcanzar una temperatura agradable al tacto. En ese momento, se agrega el yogur y se mezcla bien.
La preparación se coloca en un recipiente limpio, se tapa y se deja reposar en un lugar cálido durante entre 8 y 12 horas. Puede ser dentro del horno apagado o envuelto en una manta para mantener la temperatura.
Con el paso de las horas, la mezcla se espesa y adquiere la textura característica del yogur. Una vez listo, se lleva a la heladera para cortar la fermentación y mejorar su consistencia.
El resultado es un yogur suave, natural y sin aditivos. Esta receta es ideal para los que buscan implementar más proteínas a su dieta y lo pueden acompañar con frutas, granola o miel, y también sirve como base para otras preparaciones.

