Boca ya se encuentra en Ecuador para disputar un partido clave por la Copa Libertadores 2026. Este martes, el equipo de Claudio Úbeda visitará a Barcelona en Guayaquil, pero el encuentro estará atravesado por un contexto completamente atípico.
Y es que en las últimas horas, el gobierno ecuatoriano implementó un toque de queda que impacta directamente en la ciudad donde se jugará el partido. La medida rige desde el 3 hasta el 18 de mayo y limita la circulación nocturna en varias provincias del país.
La restricción se aplica entre las 23 y las 5 de la mañana, un dato no menor teniendo en cuenta que el partido finalizará cerca del inicio de ese horario. Esto generó incertidumbre tanto en los hinchas como en la organización del evento.
Sin embargo, desde el entorno local llevaron tranquilidad. Según se informó, habrá un operativo especial para garantizar la seguridad y el traslado de los simpatizantes, con medidas específicas para evitar inconvenientes tras el encuentro.
Además, existe una excepción clave: quienes tengan vuelos programados durante la noche podrán circular sin problemas hacia el aeropuerto, algo que también fue contemplado en la planificación.
Cómo impacta el contexto en Boca
Más allá de lo futbolístico, este escenario obliga a Boca a adaptarse a una situación poco habitual. No solo por la logística, sino también por el ambiente que rodeará al partido.
Se espera la presencia de cerca de 2.000 hinchas del Xeneize en Guayaquil, aunque este contexto podría influir en la asistencia general al estadio, que no estaría colmado como suele ocurrir en este tipo de encuentros. Además, aquellos argentinos que asistan al encuentro, deberán retornar con celeridad a sus respectivos lugares de hospedaje. Esto, teniendo en cuenta que el encuentro termina a las 21.
El cuerpo técnico, por su parte, mantiene el foco en lo deportivo. El objetivo es claro: conseguir un buen resultado que permita acomodarse en el grupo.
En medio de un clima tenso a nivel social y con restricciones vigentes, Boca afrontará un partido clave con un condimento extra. Uno que no depende de la pelota, pero que sin dudas forma parte del desafío.
