Mario Pergolini construyó un hogar que lo refleja de pies a cabeza. Tonos cálidos, muebles de madera y ventanales amplios dominan la planta social de una casa donde la luz natural atraviesa el comedor y desemboca en un patio generoso. La premisa que guió cada decisión decorativa fue clara desde el principio: comodidad sin renunciar a personalidad, y el resultado habla por sí solo.
Los detalles de la casa de Mario Pergolini
El espacio que más dice sobre quién es Pergolini es su oficina. Allí instaló una pared-biblioteca en L donde conviven vinilos, libros exclusivos, radios antiguas y regalos de amigos acumulados a lo largo de décadas. Un sofá cómodo y una mesa ratona invitan a las charlas y los encuentros informales, mientras que el escritorio negro sostiene el ritmo profesional del espacio. Es la habitación de alguien que no separa del todo el trabajo de la pasión.

Pero el rincón que más sorprende está en el sótano. Pergolini convirtió ese espacio en una cueva nerd donde graba segmentos para redes y reúne su colección cinéfila. Sin luz natural, el ambiente se compone de luces de colores, equipos de audio de alto nivel y dos computadoras dedicadas exclusivamente a producción. Un espacio que funciona como estudio, sala de cine y bunker personal al mismo tiempo.
La atmósfera que se buscó ahí abajo es la del cine clásico en estado puro. Estantes con figuras coleccionables, posters cuidadosamente elegidos y un sillón pensado para maratones de películas y música completan un ambiente que es, básicamente, el sueño de cualquier fanático del audiovisual. Un lugar donde Pergolini puede desconectarse del mundo exterior y conectarse con todo lo que lo inspira.

El resultado final es una casa que no busca impresionar por el lujo sino por la coherencia. Cada objeto tiene una historia, cada rincón tiene un propósito y cada elección decorativa cuenta algo sobre el hombre que la habita. Una propiedad que es, en definitiva, un autorretrato en tres dimensiones.
