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ESPECTÁCULO

«Hecha bolsa»: la dura confesión de Georgina Barbarossa sobre su salud mental

 

El consejo de su terapeuta que le cambió la vida.

 
Georgina Barbarossa
La conductora suele desempeñar su trabajo fielmente de acuerdo a sus emociones.

Georgina Barbarossa es una de las conductoras más vistas de la televisión argentina y suma nominaciones al Martín Fierro 2026, pero detrás de esa imagen de alegría cotidiana hay una historia que pocos conocen. En una entrevista profunda y sin filtros, la conductora de A la Barbarossa confesó que atravesó una depresión seria durante los primeros años del programa, cuando el foco viró de la cocina y el entretenimiento hacia la actualidad más dura y los casos más desgarradores.

El fuerte comentario de Georgina Barbarossa

«Yo lo pasaba mal, salía del programa hecha bolsa, porque veías casos espantosos de muertes de chicos, de violaciones, de femicidios, de cosas que le pasan a la gente en los barrios», relató. Fue su terapeuta quien le dio el giro que necesitaba: «Georgina, ¿por qué no ves el vaso lleno en vez del vacío? Pensá cómo estás ayudando a toda esta gente». Esa frase le cambió la perspectiva y le permitió encontrar sentido en lo que hacía, aunque el peso emocional no desapareciera del todo.

Georgina describió el rol del programa con una imagen que lo dice todo: «La gente nos espera como si fueses la Virgen de Luján». Son las personas que no tienen voz, que llegan con un fiscal que no aparece, un intendente que no responde, una familia destrozada que necesita que alguien los escuche. Su sueño es hacer algún día un programa íntegramente solidario.

Lo que también sorprendió en la entrevista fue una confesión de juventud: después de una ruptura amorosa a los veinte años, Georgina fue al colegio de monjas donde enseñaba catequesis y les dijo que quería tomar los hábitos. Fue la madre superiora quien la frenó: «Tu misión está en la Tierra, en el mundo. Tenés que llevar el mensaje de otra manera». Décadas después, Georgina siente que esa misión sigue intacta cada mañana cuando sale al aire.

Antes de entrar al piso, reza con las productoras, les enseña el Padre Nuestro a las que no son católicas y arranca el día a las seis menos cuarto recorriendo radios, canales y diarios. Un ritual que mezcla fe, información y trabajo en equipo, que para ella es la base de todo.