Frente a las cámaras y ya lejos del encierro, Nahuel Gallo comenzó a mostrar una imagen distinta a la de sus primeras apariciones públicas tras regresar a la Argentina. El gendarme, que pasó 448 días detenido en Venezuela, reapareció este martes en un programa televisivo y recordó cómo logró resistir el aislamiento.
Una vez más, Gallo ratificó que el patriotismo se convirtió en su principal refugio emocional mientras permanecía recluido en el penal Rodeo 1. “Éramos 35 nacionalidades y yo era el único argentino; tenía que resaltarlo”, afirmó orgulloso.
Durante su cautiverio, Gallo no tenía acceso a noticias ni comunicación con su familia. En esa soledad, su ingenio y su fe lo llevaron a crear símbolos de resistencia en las paredes de su celda. «Hice mi propia bandera argentina en la pared con jabón«, relató el gendarme. Y contó que también incitaba a otros presos extranjeros a cantar sus himnos nacionales para hacer las noches menos largas.
El miedo al olvido y el reencuentro con su hijo
Uno de los mayores tormentos de Gallo no fue solo el encierro, sino la falta de contacto con el exterior. Según sus palabras, pasó meses sin saber que su familia luchaba por él desde afuera y sin escuchar la voz de sus seres queridos. El aislamiento era tal que, cuando los otros presos gritaban que su suegra estaba afuera reclamando, él al principio no podía creer que fuera verdad.
Sin embargo, su mayor temor estaba puesto en su pequeño hijo, Víctor. «Tenía ese miedo de que no me reconozca… que se ponga a llorar y quiera irse», relató. Afortunadamente, gracias al trabajo de su esposa, María Alexandra, quien le mostraba fotos de Nahuel constantemente, el niño lo reconoció de inmediato. «Lo busqué desesperadamente desde el avión; cuando lo agarré, no me soltó», recordó sobre ese abrazo que significó el fin de su angustia.
Resistir en condiciones infrahumanas
Gallo describió su estancia en el Rodeo 1 como una situación de «abandono total», donde se encontraba desprovisto de su nombre y su ropa, vistiendo solo un uniforme celeste y sus propias zapatillas. A pesar de los maltratos y la incertidumbre de no saber si saldría con vida —especialmente durante los traslados donde fue amenazado directamente—, el gendarme mantuvo su postura institucional.
«En ningún momento me decían Nahuel o Gallo, ahí era ‘el gendarme argentino'», recordó. Además, destacó que su formación en Gendarmería Nacional fue clave para aguantar la presión. Incluso relató un momento de tensión cuando, bajo interrogatorio, le preguntaron quién era Patricia Bullrich y él respondió instintivamente: «Mi ministra de Seguridad», lo que le valió represalias físicas por parte de sus captores.
Un futuro marcado por la sanación y el compromiso
Hoy, mientras realiza un tratamiento psicológico para superar las secuelas del encierro, Nahuel Gallo no piensa en el retiro. Por el contrario, asegura que quiere profesionalizarse y seguir estudiando para continuar su carrera en la fuerza. «Uno no se da cuenta de la libertad de expresión que tenemos hasta que la pierde… perdí 448 días y muchas cosas de la crianza de Víctor», reflexionó.
A pesar del dolor, su mensaje final es de esperanza para quienes aún permanecen detenidos en Venezuela. Gallo aseguró que seguirá levantando la voz por los presos políticos que dejó atrás: «Mi sueño es que liberen a todos y que Venezuela sea libre», concluyó, reafirmando que, aunque él ya está en su casa, su mente sigue presente con aquellos que aún no pueden abrazar a sus familias.
