El Gobierno de Javier Milei sumó una nueva salida en su estructura con la renuncia de Sergio Maldonado, quien estaba al frente de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA). La dimisión se produjo en un contexto complejo que arrastra desde el inicio de la gestión libertaria.
Pese a que en Casa Rosada pretenden quitarle valor a la renuncia de su titular, la situación es difícil. Hace largos meses que la Obra Social de las FF.AA. tienen serios inconvenientes, con deudas y una sostenibilidad que pende de un hilo. A todas las debilidades, se añadió la salida de Maldonado.
Una renuncia atravesada por tensiones internas
La dimisión de Maldonado no puede leerse de forma aislada. El área venía arrastrando conflictos operativos, presión de prestadores y un clima interno cada vez más desgastado. A esto se sumó el impacto que generó dentro de las Fuerzas Armadas el suicidio del suboficial retirado Carlos Vázquez, un episodio que golpeó con fuerza en el entramado institucional.
Desde el Ministerio de Defensa admiten que el proceso quedó condicionado por urgencias económicas, además de una creciente demanda de afiliados que reclaman respuestas ante demoras, reintegros y prestaciones incompletas.
Deudas millonarias y un sistema en crisis
Los números oficiales reflejan la magnitud del problema. Según datos presentados ante el Congreso, el pasivo acumulado del sistema asciende a más de $248.600 millones, una cifra que incluye compromisos por reintegros, gastos operativos y servicios básicos.
Dentro de ese total, se destacan $178.961 millones destinados a funcionamiento y prestaciones médicas, junto a otros montos vinculados a préstamos y obligaciones corrientes. Este escenario expone el peso financiero que condiciona el funcionamiento cotidiano del sistema.
