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Alan Lescano: «No, estuve tranquilo» y la verdad de su pase frustrado a Boca

 

Las palabras del volante creativo que explican por qué no llegó a Boca en 2026.

 
Alan Lescano
Alan Lescano

(BUENOS AIRES).- “No, estuve tranquilo porque se habló mucho. Se dijeron cosas que no eran ciertas, como que tenía el contrato arreglado (con Boca) y no fue así”. La frase, tan categórica como desprovista de dobleces, pertenece a Alan Lescano y fue pronunciada en abril de 2026, cuando el volante creativo debió salir a aclarar los rumores sobre un frustrado pase a Boca que, durante semanas, había alterado la calma de su carrera. Las palabras, rescatadas ahora que la dirigencia del Xeneize volvió a posar los ojos sobre él, desnudan la trastienda de una negociación hecha de silencios, intermediarios y una lealtad puesta a prueba con la institución que lo formó.

El futbolista, una de las figuras más consistentes del fútbol argentino en la última temporada, eligió entonces el living de ESPN para ponerle punto final a un sinfín de versiones encontradas. Lejos del enojo o la queja destemplada, Alan Lescano explicó que la posibilidad de calzarse la azul y oro nunca llegó a concretarse porque, en rigor, nunca se dieron las condiciones para que él la considerara. La contundencia de su respuesta apuntó directo a uno de los mitos más persistentes de aquel mercado de pases: la existencia de un acuerdo previo que habría dejado su arribo al club de la Ribera a un paso de la firma.

La aclaración no fue un detalle menor en un contexto donde el Mercado de pases suele envenenarse antes de tiempo con cifras infladas y promesas apócrifas. Alan Lescano, consciente de que su nombre había sido utilizado en operaciones de prensa de las que no era parte, optó por el camino de la mesura. “A mí nunca me llamaron, sí se comunicaron con mi representante y no lo voy a negar”, reconoció, admitiendo que los contactos entre su círculo íntimo y los directivos de Boca efectivamente ocurrieron. Con esa simple confesión, el exquisito zurdo dejó al descubierto una práctica habitual del fútbol de elite: las charlas de alto nivel que avanzan en el plano gerencial mientras el protagonista principal se mantiene al margen, a la espera de una definición que le permita recién allí involucrarse en cuerpo y alma.

La lealtad como bandera

Esa distancia que el jugador marcó entre los llamados que nunca recibió y las gestiones que su apoderado llevaba adelante no hablaba de desinterés, sino de un apego casi estricto a un código de conducta personal. En la misma entrevista, Alan Lescano deslizó una confesión que ayuda a entender por qué no forzó su salida cuando los sondeos se intensificaron. “También sentía que estaba faltando a la institución que me dio todo y no fue así”, reflexionó, en una frase que trasciende la mera anécdota de un pase fallido para pintar de cuerpo entero a un futbolista al que el sentido de pertenencia todavía le pesa más que los cantos de sirena del mercado.

Sus palabras, cargadas de gratitud hacia Argentinos Juniors, el club que lo vio nacer como profesional y lo consolidó en la máxima categoría, encierran una mirada ya casi en extinción en el fútbol moderno. Alan Lescano no solo desmintió aquel supuesto contrato arreglado que algunos sectores del periodismo dieron por hecho, sino que además puso sobre la mesa la incomodidad genuina que le generaba aparecer como un jugador díscolo, dispuesto a patear el tablero para conseguir un traspaso. No era el dinero ni la vidriera lo que definía sus pasos: era el temor a defraudar a quienes lo habían cobijado en los momentos más difíciles de su formación.

Hoy, a la distancia que imponen los meses y con la dirigencia de Boca otra vez palpando el terreno para seducirlo, aquellas declaraciones adquieren un peso específico renovado. No son solo la crónica de una transferencia que no fue: constituyen la radiografía de un carácter. Lescano, que nunca tuvo miedo de contar lo que otros prefieren callar en off, habló con la misma precisión que despliega sobre el césped. Y dejó en claro que, antes que una ambición desmedida, su brújula siempre estuvo regida por la honestidad intelectual y el respeto a sus raíces. La nueva oferta del Xeneize deberá lidiar, esta vez, con los mismos escrúpulos que blindaron a un futbolista que solo se permite escuchar ofertas cuando está seguro de no estar faltándole a nadie.