(BUENOS AIRES).- El regreso de Rodolfo Arruabarrena a Boca Juniors ya es oficial y el contrato que firmó deja un dato insoslayable: el vínculo se extiende hasta el 31 de diciembre de 2027, lo que lo ata al final del actual ciclo dirigencial encabezado por Juan Román Riquelme. La apuesta es por un proyecto de mediano plazo con un técnico de identidad xeneize.
La extensión del acuerdo no es un detalle menor. Al atar la continuidad del entrenador a la fecha en que vence el mandato de la comisión directiva, la dirigencia explicitó la intención de blindar la conducción deportiva hasta las próximas elecciones. Queda claro que los resultados condicionarán esa estabilidad, pero el plazo contractual le da a Arruabarrena un respaldo inédito en los últimos años de cambios constantes en el banco boquense.
Arruabarrena llegó acompañado por colaboradores de su confianza, con nombres que ya formaban parte de su entorno de trabajo. La conformación del cuerpo técnico fue uno de los primeros puntos que se resolvieron tras la firma, y dejó a la vista que el Vasco busca rodearse de gente que conoce su idea y su método, sin márgenes para la improvisación.
El arranque del segundo ciclo incluyó decisiones contundentes. Varios futbolistas fueron apartados del plantel y deberán buscar nuevo destino, en una señal inequívoca de que el entrenador quiere rearmar el equipo desde la base. La depuración apunta a construir un Boca competitivo tanto a nivel local como internacional, un objetivo que el propio técnico planteó desde su presentación.
La apuesta de la mesa chica que conduce Riquelme es fuerte. Después de ciclos cortos y salidas abruptas, ofrecer un contrato hasta 2027 implica asumir un costo político y económico. Arruabarrena, en tanto, asume con la chance de desarrollar un proceso sin el ruido permanente de la urgencia, aunque la presión por los resultados en un club como Boca nunca desaparece.
El nuevo cuerpo técnico ya trabaja en la pretemporada y la dirigencia mueve el mercado para reforzar los puestos que el entrenador considera prioritarios. La decisión de firmar un vínculo de casi tres años marca una clara intención de darle estabilidad a un puesto que en los últimos tiempos tuvo constantes cambios, y le otorga margen a Arruabarrena para llevar adelante una renovación del plantel con respaldo institucional.
El contrato hasta 2027 le da al Vasco la herramienta que otros entrenadores no tuvieron: tiempo. Boca pone a prueba un modelo que busca conjugar identidad, proyecto y resultados, con la mira puesta en recuperar protagonismo en el plano continental. Los días que vienen serán clave para terminar de moldear el plantel con el que Arruabarrena encarará los desafíos del semestre.
