(ESTADOS UNIDOS).- Bélgica empató 0 a 0 con Irán y volvió a dejar más preguntas que respuestas en el Mundial 2026. El resultado, por sí solo, no explica la sensación que quedó después del partido. Lo verdaderamente inquietante para los europeos fue la falta de autoridad para imponerse ante un rival que llegó dispuesto a resistir y terminó llevándose exactamente lo que había ido a buscar.
Durante años, Bélgica fue presentada como una potencia en construcción. Una selección capaz de competir contra cualquiera gracias a una generación repleta de figuras. Sin embargo, cada torneo parece alejarla un poco más de aquella promesa. Frente a Irán no perdió, pero tampoco logró transmitir la sensación de estar más cerca de la victoria que de un nuevo tropiezo.
El partido tuvo largos pasajes de dominio territorial belga. La pelota circuló mayormente por los pies europeos, pero la posesión rara vez se transformó en peligro real. Irán aceptó ceder espacio, cerró caminos y obligó a Bélgica a jugar lejos de las zonas donde podía hacer daño.
Lo más llamativo fue la ausencia de rebeldía. Cuando el reloj comenzó a jugar en contra, Bélgica aceleró, pero lo hizo sin claridad. Cada avance parecía una repetición del anterior. Centros previsibles, ataques apresurados y una creciente sensación de frustración que se trasladó desde el campo hasta las tribunas.
Irán, en cambio, interpretó perfectamente el encuentro. Nunca perdió el orden, nunca se desesperó y aprovechó cada interrupción para enfriar el ritmo. No necesitó dominar para sentirse cómodo. Entendió que el nerviosismo estaba del otro lado.
Un problema más profundo que un empate
Las alarmas en Bélgica no se encienden por este resultado aislado. Se encienden porque la selección vuelve a mostrar los mismos síntomas que arrastra desde hace tiempo. Tiene nombres importantes, experiencia internacional y talento individual, pero cada vez le cuesta más imponer una identidad colectiva.
El empate también reabre un debate incómodo. ¿Hasta qué punto aquella generación que ilusionó a todo un país sigue siendo competitiva al máximo nivel? La pregunta ya no parece exagerada. Los resultados recientes alimentan una discusión que hace algunos años habría parecido impensada.
Mientras Irán celebró un punto valioso para sus aspiraciones, Bélgica abandonó el estadio con la sensación de haber dejado escapar algo más que dos unidades. Dejó escapar tranquilidad, confianza y parte de su margen de error.
La fase de grupos todavía no terminó. Matemáticamente, Bélgica sigue dependiendo de sí misma. Pero en los Mundiales las cuentas rara vez alcanzan cuando el juego no acompaña. Y hoy el mayor problema de Bélgica no está en la tabla. Está en el espejo.
