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«Era especial»: la tradición que Schiavi reveló del Boca de Falcioni

 

Rolando Schiavi contó que los jugadores de Boca compartían una picada o milanesa todos los miércoles durante el ciclo de Julio César Falcioni, un ritual que fortaleció la unión del plantel.

 
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(BUENOS AIRES).- Rolando Schiavi reveló una tradición íntima de su paso por el Boca que dirigía Julio César Falcioni: los miércoles, después de los entrenamientos, el plantel completo compartía una picada o una milanesa. El exdefensor contó que la costumbre, casi un ritual semanal, ayudó a construir la unión de un equipo recordado por su solidez.

Schiavi, uno de los referentes de aquel plantel, detalló que “los miércoles eran días especiales en la rutina del plantel xeneize: tras las exigentes jornadas de entrenamiento, los jugadores compartían un momento de distensión con una clásica 'picada' o una milanesa”. Las jornadas de trabajo fuerte quedaban atrás y los futbolistas se encontraban en un clima distendido, donde las charlas informales y la comida compartida funcionaban como un cable a tierra en medio de la exigencia constante del club.

“Esa costumbre funcionaba como una herramienta de cohesión interna”, explicó el exdefensor acerca de aquellos encuentros. En un grupo con presión permanente por los resultados, los momentos fuera de la cancha tenían un valor tan alto como la táctica para sostener la convivencia y la concentración durante toda la temporada.

El Boca de Falcioni se caracterizó por una identidad muy clara: orden táctico, disciplina y una estructura marcada dentro del campo de juego. Sin embargo, detrás de ese rigor existía un grupo unido que terminó de consolidarse gracias a los pequeños rituales que se repetían cada siete días en la intimidad del vestuario y los comedores.

El propio Schiavi recordó que este tipo de rutinas eran habituales en el fútbol argentino de aquella época, pero admitió que en Boca adquirían una dimensión especial por la magnitud del club y por el carácter de un plantel que peleaba en todos los frentes. Cada detalle sumaba para mantener la concentración y la armonía del grupo, según la mirada del defensor sobre aquel ciclo.

En otro pasaje de su ciclo como futbolista xeneize, Falcioni reemplazó a Schiavi minutos antes del final de un partido. El defensor dejó la cancha entre aplausos y se llevó una ovación cerrada de la hinchada, otra postal de un vínculo fuerte que se había forjado también puertas adentro, lejos de las cámaras.

Con el paso del tiempo, estas historias se transformaron en parte del folklore xeneize. No por nostalgia, sino porque muestran la otra cara del profesionalismo: la de los lazos humanos y las costumbres que, sin salir en las formaciones ni en las estadísticas, también construyen equipos ganadores.

Ese Boca terminó consolidándose como un equipo competitivo, con una defensa sólida y un funcionamiento colectivo que lo llevó a pelear en todos los frentes. La convivencia interna fue tan importante como la táctica, y este tipo de rituales ayudaron a sostener la estabilidad del plantel en momentos decisivos de la temporada.