(BUENOS AIRES).- “las finales están pendientes”. La frase, repetida una y otra vez por Juan Román Riquelme, resume la situación de un capítulo inconcluso del fútbol argentino. Boca Juniors y River Plate acumulan dos definiciones oficiales que, pese a tener rivales confirmados desde 2020, nunca se disputaron. La Supercopa Argentina y el Trofeo de Campeones de aquel año siguen sin fecha y alimentan una deuda que ya se mide en años.
El primer cruce que quedó en el limbo es la Supercopa Argentina 2020, el título que enfrenta al campeón de la liga y al ganador de la Copa Argentina. En esa temporada Boca se quedó con ambos torneos, por lo que el reglamento le abrió a River la puerta como rival alternativo. Con el partido definido, la organización nunca lo programó y la final quedó suspendida indefinidamente.
El segundo duelo trunco es el Trofeo de Campeones 2020, pensado para reunir a los vencedores de las principales competencias domésticas. Otra vez Boca había conquistado los títulos que otorgaban plaza y River accedió mediante reconfiguraciones reglamentarias. El resultado fue idéntico: un Superclásico por un trofeo que jamás llegó a jugarse.
La razón central de tanto aplazamiento es el caos del calendario. La acumulación de torneos locales, sumada a la reprogramación masiva que provocó la pandemia de COVID-19, generó un escenario donde las fechas para definiciones prácticamente desaparecieron. Sobre esa base se montó la superposición con la Liga Profesional, la Copa Argentina y las copas internacionales, que achicaron aún más las ventanas disponibles. En varios momentos se evaluó la posibilidad de jugar las finales en ventanas especiales, pero las coincidencias con fechas FIFA y compromisos de selecciones frenaron cualquier intento de programación.
En simultáneo hubo movimientos de los dirigentes de ambos clubes. Del lado de Boca, Riquelme insistió en que los encuentros deben disputarse. En la vereda de River, el presidente Jorge Brito expresó la voluntad de jugarlos, pero siempre atada a encontrar un hueco en un calendario internacional que nunca dio respiro.
Con el paso del tiempo el tema dejó de ser solo reglamentario para volverse un clásico del debate cotidiano. Están los que reclaman que las finales se jueguen cuanto antes para saldar definiciones que quedaron abiertas, y quienes sostienen que forzarlas hoy carece de sentido en un ecosistema de competencias completamente distinto al de 2020. Para algunos, se trata de finales que deberían jugarse cuanto antes para cerrar capítulos deportivos pendientes; para otros, su resolución ya perdió sentido en un calendario que cambió completamente desde aquella temporada.
Mientras Boca y River siguen protagonizando nuevos Superclásicos y suman vueltas olímpicas en otros frentes, la Supercopa Argentina y el Trofeo de Campeones de 2020 permanecen sin fecha concreta de realización. Las autoridades de la AFA todavía no comunicaron ninguna resolución sobre dos finales que, por ahora, solo existen en los papeles.
