(Buenos Aires) Durante años, el litio fue presentado como uno de los minerales indispensables para combatir el cambio climático. Sin embargo, mientras crece la demanda global impulsada por los vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento de energía, también aumentan las advertencias científicas sobre sus impactos ambientales.
Lejos de la imagen de recurso completamente limpio que suele acompañarlo, investigaciones publicadas por Nature Reviews Earth & Environment sostienen que la extracción de litio puede provocar alteraciones hidrológicas, pérdida de biodiversidad y generación de residuos industriales cuyos efectos todavía son objeto de estudio.
La paradoja es evidente: el mismo mineral que promete reducir las emisiones de carbono podría estar generando nuevos desafíos ambientales en algunos de los ecosistemas más sensibles del planeta.
El problema no es solamente el agua
En Argentina, Chile y Bolivia, el debate suele concentrarse en el enorme consumo de agua que demanda la extracción de litio en salares ubicados en regiones áridas. Sin embargo, especialistas del Desert Research Institute de Estados Unidos advierten que el problema va mucho más allá.
Los investigadores sostienen que la extracción intensiva de salmueras puede modificar los flujos naturales de agua subterránea, afectar humedales de altura y alterar ecosistemas extremadamente frágiles que dependen de equilibrios hídricos desarrollados durante miles de años.
Además, durante el procesamiento industrial se generan residuos líquidos y compuestos químicos cuya gestión adecuada resulta clave para evitar impactos ambientales a largo plazo.
La contaminación que termina en ríos y mares
Uno de los aspectos menos conocidos aparece cuando las baterías llegan al final de su vida útil.
Una revisión científica titulada Lithium: concentrations and impacts in marine and coastal systems advierte que el crecimiento exponencial de residuos electrónicos podría incrementar la presencia de litio en ecosistemas marinos y costeros.
Los investigadores explican que una parte de las baterías descartadas termina degradándose en rellenos sanitarios o basurales, liberando compuestos que pueden alcanzar cursos de agua y eventualmente llegar a los océanos.
Según los autores, aunque todavía existen interrogantes sobre los efectos acumulativos de largo plazo, ya se han documentado alteraciones fisiológicas en organismos acuáticos expuestos a determinadas concentraciones de litio.
La problemática también fue analizada por una investigación sobre contaminación marina y baterías de litio, que identificó impactos potenciales sobre peces, algas e invertebrados que forman parte de la cadena alimentaria.
Los químicos eternos de las baterías
La fabricación de baterías tampoco está exenta de cuestionamientos.
Una investigación sobre PFAS en baterías de ion-litio reveló que ciertos componentes utilizados en baterías contienen sustancias conocidas como “químicos eternos” debido a su enorme persistencia en el ambiente.
Estos compuestos fueron detectados en agua, aire y suelo alrededor de instalaciones industriales, generando nuevas preocupaciones sobre los posibles efectos ambientales asociados al crecimiento de la electromovilidad.
Diversos estudios internacionales advierten que estas sustancias pueden permanecer durante décadas en el ambiente y resultar extremadamente difíciles de eliminar una vez liberadas.
El Salar de Atacama se hunde
Las advertencias no provienen únicamente de laboratorios.
Un reciente estudio sobre el hundimiento del Salar de Atacama reveló que sectores de esa región chilena registran descensos de entre uno y dos centímetros por año.
Los científicos relacionaron este fenómeno con décadas de extracción intensiva de salmueras para la producción de litio, lo que abrió un nuevo debate sobre la sostenibilidad de una de las regiones productoras más importantes del mundo.
El hallazgo reavivó las preocupaciones sobre los impactos acumulativos que puede generar la explotación de recursos minerales en ecosistemas extremadamente delicados.
El caso argentino: Catamarca, Salta y Jujuy bajo la lupa
La discusión sobre los impactos ambientales del litio tiene especial relevancia en el norte argentino. Según datos de la Secretaría de Minería de la Nación, Argentina integra junto a Chile y Bolivia el denominado “Triángulo del Litio”, una de las mayores reservas mundiales de este recurso estratégico.
En los últimos años, comunidades indígenas, organizaciones ambientales y especialistas en hidrología han cuestionado distintos proyectos ubicados en Catamarca, Salta y Jujuy por sus potenciales efectos sobre acuíferos, vegas altoandinas y humedales de altura.
Diversos informes de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) sostienen que todavía existen importantes vacíos de información sobre el funcionamiento de los sistemas hídricos de la Puna y sobre los efectos acumulativos que podría generar la explotación simultánea de múltiples proyectos mineros en una misma región.
Uno de los cuestionamientos más frecuentes es que los estudios de impacto ambiental suelen analizar cada emprendimiento por separado, mientras que los especialistas reclaman evaluaciones integrales que contemplen el efecto combinado de todas las operaciones sobre una misma cuenca hidrogeológica.
La preocupación también alcanzó a organismos internacionales. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido que la creciente demanda de minerales críticos para la transición energética obliga a reforzar los controles ambientales para evitar que la solución al cambio climático genere nuevos problemas ecológicos.
En Catamarca, donde el litio se ha convertido en uno de los principales motores económicos de la provincia, el debate suele quedar eclipsado por las cifras de inversión, exportaciones y empleo. Sin embargo, investigadores y organizaciones ambientales sostienen que la discusión debería incluir qué ocurrirá con los recursos hídricos y los ecosistemas altoandinos dentro de veinte o treinta años.
La paradoja verde
El litio es fundamental para reducir las emisiones de carbono y avanzar hacia energías más limpias. Sin embargo, cada vez más investigaciones muestran que la transición energética también tiene costos ambientales que no siempre forman parte del debate público.
La evidencia científica disponible no cuestiona la importancia estratégica del litio para el futuro energético mundial. Lo que sí cuestiona es la idea de que se trata de un recurso completamente limpio o exento de impactos ambientales.
El litio puede ser indispensable para descarbonizar la economía mundial. Lo que ya no parece tan seguro es que pueda hacerlo sin dejar una huella ambiental significativa en los territorios donde se extrae. La transición energética avanza. La pregunta es quién pagará sus costos ocultos.
