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VIDA Y ESTILO

Turismo en Catamarca: qué hacer en el oeste catamarqueño en cinco días

 

Desde los paisajes volcánicos del Campo de Piedra Pómez hasta los históricos viñedos de Hualfín, esta guía detalla un itinerario de cinco días para descubrir la naturaleza y cultura del oeste catamarqueño.

 
Bodega Federico Mena Saravia en Hualfín
Bodega Federico Mena Saravia en Hualfín

El turismo en Catamarca tiene muchos encantos, y en su territorio, hay lugares que se visitan y otros que se viven. El oeste catamarqueño, precisamente, pertenece a esta última categoría. Entre paisajes volcánicos, pueblos detenidos en el tiempo, termas naturales y algunos de los viñedos más altos del mundo, esta región ofrece una de las experiencias turísticas más auténticas de la Argentina.

Para quienes disponen de cinco días, existe un circuito ideal que combina naturaleza, cultura, gastronomía y aventura, recorriendo algunos de los destinos más emblemáticos de Catamarca y permitiendo conocer una provincia que todavía conserva el encanto de lo genuino.

Día 1: Belén, la puerta de entrada al oeste catamarqueño

El viaje comienza en Belén, la ciudad más importante de la región y punto de partida para explorar el oeste provincial. Rodeada por montañas y atravesada por una fuerte tradición artesanal, conserva el ritmo tranquilo de los pueblos del interior y ofrece todos los servicios necesarios para iniciar el recorrido.

La recomendación es dedicar la jornada a recorrer la plaza principal, visitar el Museo Arqueológico Condor Huasi y conocer algunos de los talleres artesanales que han dado fama nacional a la ciudad.

Para alojarse, una de las opciones más recomendadas es el Hotel de Turismo Belén. Ubicado en una posición estratégica, cuenta además con restaurante propio, ideal para disfrutar de la gastronomía regional y descansar antes de emprender el viaje hacia la Puna catamarqueña.

Día 2: El Peñón, Antofagasta de la Sierra y el Campo de Piedra Pómez

Al día siguiente comienza una de las experiencias más impactantes del recorrido. La ruta asciende hacia la Puna catamarqueña hasta llegar a El Peñón y Antofagasta de la Sierra, dos localidades rodeadas por volcanes, salares y algunos de los paisajes más extraordinarios del país.

Desde allí se realiza la excursión al Campo de Piedra Pómez, una maravilla natural única en Sudamérica. Sus gigantescas formaciones volcánicas blancas, moldeadas por el viento durante miles de años, crean un escenario que recuerda a la superficie de otro planeta.

Un dato importante para quienes planean el recorrido es que no resulta necesario contratar una excursión completa desde el inicio del viaje. Los visitantes pueden llegar con su propio vehículo hasta El Peñón o Antofagasta de la Sierra sin inconvenientes. La única actividad que requiere obligatoriamente una camioneta 4×4 y guía habilitado es el ingreso al Campo de Piedra Pómez. En El Peñón existen prestadores locales que ofrecen este servicio a un costo moderado. El resto de los atractivos de la zona, incluyendo los pueblos, miradores y buena parte de los recorridos por la Puna, pueden realizarse de manera independiente.

Además del Campo de Piedra Pómez, la zona permite recorrer lagunas de altura, extensas vegas puneñas y paisajes donde el silencio y la inmensidad son protagonistas absolutos.

La recomendación es pasar la noche en la Puna, ya sea en El Peñón o en Antofagasta de la Sierra, para disfrutar de algunos de los cielos más limpios y estrellados de Argentina.

Día 3: Hualfín y la ruta de los vinos de altura

Luego del desayuno comienza el descenso hacia los valles. El destino es Hualfín, uno de los pueblos más pintorescos y tradicionales de Catamarca, ubicado sobre la histórica Ruta 40.

Rodeado por montañas y atravesado por una historia que se remonta a siglos atrás, Hualfín se ha convertido también en una referencia para el turismo enológico gracias a sus viñedos de altura.

La visita obligada es la Bodega y Viñedos Mena Saravia, ubicada a casi 1.900 metros sobre el nivel del mar. Considerada una de las bodegas emblemáticas de Catamarca y una de las referencias de los vinos de alta gama del norte argentino, se distingue por sus viñedos históricos y centenarios, algunos plantados hace casi un siglo en el Alto Valle de Hualfín, donde la combinación de altura, amplitud térmica y tradición vitivinícola da origen a vinos de notable calidad y personalidad.

La experiencia incluye visitas guiadas, degustaciones y recorridos por la finca. También es posible almorzar entre viñedos, pasar la tarde disfrutando de los espléndidos miradores naturales que rodean la propiedad y contemplar un imperdible atardecer sobre las montañas del valle, cuando los últimos rayos de sol tiñen de dorado y rojizo el paisaje del oeste catamarqueño.

Para grupos de más de 20 personas, la bodega también organiza experiencias especiales que incluyen fogones, cenas privadas, degustaciones temáticas y actividades nocturnas especialmente diseñadas para disfrutar de la cultura y la hospitalidad del Alto Valle de Hualfín bajo uno de los cielos más limpios de Argentina.

Día 4: Pozo Verde, almuerzo entre viñedos y termas de Villavil

La segunda jornada en Hualfín invita a disfrutar de la naturaleza y el ritmo pausado que caracteriza al Alto Valle de Hualfín. La mañana puede comenzar con el trekking al Pozo Verde, uno de los paseos más recomendados de la zona. El sendero conduce a una serie de pozos naturales de agua cristalina formados entre las rocas, rodeados por un paisaje serrano de gran belleza.

Durante los meses más cálidos, o cuando la temperatura acompaña, quienes lleven traje de baño o short pueden disfrutar de un refrescante baño de inmersión en estas aguas naturales, una experiencia ideal para conectarse con el entorno y disfrutar de algunos de los paisajes más atractivos del oeste catamarqueño.

Al mediodía, la propuesta es regresar a la Bodega y Viñedos Mena Saravia para almorzar entre viñedos centenarios y continuar disfrutando de las vistas panorámicas del Alto Valle de Hualfín. La combinación de gastronomía regional, vinos de altura y paisajes abiertos convierte la experiencia en una de las más memorables del recorrido.

Por la tarde, el viaje continúa hacia las termas de Villavil, ubicadas a pocos kilómetros de Hualfín. Este tradicional complejo termal se encuentra en un entorno natural privilegiado, rodeado por montañas y paisajes característicos del oeste catamarqueño.

Sus aguas termales son apreciadas por quienes buscan descanso y bienestar después de varios días de viaje o actividades al aire libre. Las piscinas permiten disfrutar de las propiedades de las aguas minerales mientras se contempla la tranquilidad del valle y las sierras que rodean el lugar.

Para alojarse, las recomendaciones más convenientes son la Hostería de Hualfín y la Hostería de Puerta de Corral Quemado. Ambas permiten recorrer cómodamente el Alto Valle de Hualfín, visitar la Bodega y Viñedos Mena Saravia, conocer sitios históricos y disfrutar de los paisajes que caracterizan a esta región del oeste catamarqueño. Su ubicación estratégica las convierte en una excelente base para dedicar dos jornadas completas a descubrir Hualfín y sus alrededores con tranquilidad.

Día 5: Tres caminos para regresar y seguir descubriendo paisajes inolvidables

El último día del recorrido ofrece distintas alternativas según el destino final de cada viajero, pero todas tienen algo en común: permiten seguir disfrutando de algunos de los paisajes más espectaculares del noroeste argentino.

Quienes regresen hacia la ciudad de Catamarca pueden hacerlo por la ruta que atraviesa Andalgalá, considerada una de las más atractivas de la provincia. El camino serpentea entre montañas, quebradas y valles, ofreciendo permanentes vistas panorámicas y numerosos miradores naturales que invitan a detenerse para contemplar el paisaje.

Para quienes continúen viaje hacia Tucumán, una excelente opción es tomar la ruta que atraviesa Santa María y luego asciende hacia Tafí del Valle. Este recorrido permite descubrir los paisajes de los Valles Calchaquíes, atravesando pequeños pueblos y escenarios naturales que figuran entre los más bellos del norte argentino.

Otra alternativa es continuar por la Ruta Nacional 40 rumbo a Salta. En este caso, el camino atraviesa algunos de los tramos más emblemáticos de los Valles Calchaquíes, pasando por Santa María y luego por Cafayate, una de las capitales vitivinícolas más importantes del país. Entre montañas multicolores, viñedos y pueblos históricos, el regreso se convierte en una experiencia turística en sí misma.

Sea cual sea el destino elegido, el viaje concluye con la sensación de haber recorrido una de las regiones más auténticas de Argentina, donde la inmensidad de la Puna, los viñedos centenarios, los paisajes del Alto Valle de Hualfín y la hospitalidad de sus pueblos convierten cada kilómetro en parte de la experiencia.