La eliminación de Boca Juniors en la Copa Libertadores generó una fractura interna profunda encabezada por Riquelme. El presidente del club manifiesta una decepción personal con el rendimiento de los futbolistas profesionales. Esta postura se volvió pública luego de las declaraciones del prosecretario Alejandro Veiga. La dirigencia considera que el compromiso del equipo no coincide con el apoyo institucional brindado.
El quiebre institucional: La dirigencia contra el plantel
Alejandro Veiga, prosecretario general de la institución, actuó como portavoz del descontento que impera en la comisión directiva. El dirigente manifestó abiertamente que no se siente representado por los actuales futbolistas del club. Esta declaración refleja el pensamiento unánime de la cúpula dirigencial tras los últimos resultados negativos. Por lo tanto, la relación entre el despacho presidencial y el vestuario atraviesa su peor momento histórico.
La cúpula de Boca Juniors sostiene que los jugadores no retribuyeron el respaldo constante recibido en ciclos anteriores. Riquelme siempre priorizó la protección del grupo ante las críticas externas de la prensa y los aficionados. Sin embargo, la falta de respuestas futbolísticas en momentos determinantes agotó la paciencia de los directivos. El sentimiento de desprotección institucional ahora proviene desde los propios gestores del club.
En las oficinas de la Bombonera impera una sensación de falta de identidad en el campo de juego. Los dirigentes perciben que el plantel actual no comprende la responsabilidad de vestir la camiseta azul y oro. En consecuencia, el distanciamiento entre los empleados del club y los deportistas es cada vez más evidente. Esta situación pone en duda la continuidad de varios referentes en el corto plazo.
Tres años de frustraciones en la gestión de Riquelme
El ciclo deportivo actual arrastra una pesada carga de derrotas acumuladas durante las temporadas 2024, 2025 y 2026. La seguidilla de fracasos en competencias nacionales e internacionales erosionó la imagen del proyecto futbolístico vigente. Los objetivos no se cumplieron a pesar de las constantes inversiones en el mercado de pases. Por este motivo, la presión interna para realizar una renovación estructural es total.
El estado emocional de Riquelme es de una profunda frustración tras la reciente caída en el certamen continental. El exfutbolista siente que sus dirigidos le fallaron después de haberles otorgado todas las herramientas necesarias para triunfar. El rendimiento individual de figuras clave durante la Copa fue el detonante de este malestar privado. La desilusión del ídolo máximo afecta directamente el clima de trabajo diario en el predio de Ezeiza. El clima se puso más tenso cuando Boca cayó como local ante Universidad Católica por el Grupo G.
La crisis de resultados obliga a la comisión directiva a considerar un cambio de rumbo inmediato para frenar el declive. No se descartan medidas drásticas sobre la conformación del grupo de cara al próximo semestre de competición oficial. La urgencia por recuperar la competitividad es la prioridad absoluta para evitar que el ciclo termine en un fracaso irreversible. El club necesita respuestas rápidas para calmar el clima de tensión política y deportiva.
