(BUENOS AIRES).- River arrancó la pretemporada con un movimiento que expone la dimensión económica de la depuración que encara Eduardo Coudet. El entrenador apartó a un grupo de futbolistas en los que el club invirtió 53,3 millones de dólares, una suma que supera el presupuesto anual de muchas instituciones del fútbol argentino.
Una inversión que no llegó a la cancha
El caso más emblemático es el de Kevin Castaño, una de las compras más caras en la historia del Millonario. El volante colombiano, por quien se pagaron casi 14 millones de dólares, hoy no entra en la consideración del cuerpo técnico. La decisión de borrarlo refleja la brecha entre la apuesta dirigencial y el rendimiento deportivo.
La lista también incluye a Giuliano Galoppo, Maximiliano Salas, Fabricio Bustos y Matías Galarza, todos incorporados en los mercados más recientes con inversiones importantes. Varios de ellos llegaron al club como refuerzos clave para jerarquizar el plantel, pero en pocos meses pasaron a ser prescindibles.
Con esos futbolistas fuera de los planes, la prioridad de la dirigencia es venderlos o cederlos para recuperar parte del dinero. El contexto, sin embargo, no ayuda: el bajo rendimiento y la escasa continuidad de los jugadores hacen muy difícil que lleguen ofertas cercanas a los montos que River desembolsó en su momento. La realidad del mercado juega en contra de una salida rápida.
Coudet motorizó esta limpieza profunda como parte de una renovación estructural del equipo. La idea es achicar el plantel, reducir la masa salarial y construir una base más competitiva de cara al semestre que viene. El proceso combina la salida de futbolistas experimentados con la de incorporaciones recientes que no cumplieron con las expectativas.
El dato de los 53,3 millones de dólares en jugadores relegados pone bajo la lupa la política de incorporaciones de los últimos años. La acumulación de fichajes costosos que no rindieron como se esperaba obliga al club a replantear su estrategia deportiva. La nueva estructura dirigencial y deportiva que asoma en el club apunta justamente a corregir esos errores y a optimizar los recursos.
El bajo rendimiento colectivo de estos futbolistas agrava el problema financiero. Con poca continuidad y sin actuaciones que los revaloricen, River enfrenta un mercado en el que difícilmente recupere las cifras invertidas. Cada venta o cesión que se consiga implicará resignar buena parte del capital original, un costo adicional para las arcas del club.
El desafío de River es reordenarse y achicar una distancia que hoy duele en los balances. La dirigencia busca evitar que se repitan apuestas tan costosas como frustrantes, mientras Coudet trabaja con un plantel más acotado y funcional a su idea de juego.
