(BUENOS AIRES).- «Boca estuvo a un penal del papelón y al incipiente ciclo del Vasco pudieron haberlo herido de muerte», escribió Antonio Serpa en la columna que publicó esta mañana en TyC Sports. El periodista no dejó títere con cabeza tras la agónica clasificación de Boca a los octavos de final de la Copa Sudamericana, por penales ante O’Higgins.
El análisis de Serpa retrató un vestuario más aliviado que feliz. «Casi no había sonrisas en los jugadores de Boca. Tal vez alivio, desahogo, liberación de angustia contenida», escribió. Y profundizó: «Y es lógico. Este es uno de los casos en los que el perdedor puede irse de la cancha orgulloso, sacando pecho, y el ganador puede (y debe) sentir vergüenza por la imagen que dejó».
El penal picado de Aranda, que salió mal y casi liquida la serie, ocupó un lugar central en su crítica. Serpa describió la acción como «mucho más una canchereada que un recurso» y graficó con crudeza la delgada línea que separó al juvenil del escarnio: «El límite entre el héroe y el villano es, muchas veces, el canto de una gillette. Un pelito. Una finísima telaraña». Sobre la decisión del pibe, el columnista se preguntó: «Habría que ver qué se le pasó por la cabeza al Chicle cuando decidió hacer lo que hizo».
Para Serpa, igualmente, el partido no se explicaba solo por el pibe. «Así como Aranda desborda desfachatez, el resto parece sumergido en una nube tóxica de desconfianza. Empezando por el arquero», apuntó. La recorrida siguió por un Paredes al que comparó con la eliminación contra la Católica y una «caricatura» de Villa, a quien el Vasco Arruabarrena mandó al banco sin que le temblara el pulso.
La enumeración de los que —según su visión— ya no deberían vestir la camiseta tuvo a un apuntado de siempre. «También se explica, el partido, por los que no deberían estar más y nadie entiende cómo siguen. Es el caso de Figal, claro, que sumó una nueva asistencia, de cabeza en esta oportunidad, a un tal Panchito González», fustigó Serpa. Y remató: «No es que Di Lollo sea Beckenbauer, precisamente, pero logró que se lo extrañe».
Con la clasificación conseguida, Serpa exigió un salto de calidad urgente y rechazó las incorporaciones de apuro. «Pero basta de segunda selección, basta de fallados y discontinuos. Por favor, conservemos el respeto por nosotros mismos y dejemos de regalar el prestigio que supimos conseguir», reclamó, en sintonía con la dura autocrítica que Arruabarrena ya había expresado puertas adentro.
De cara a la próxima serie, Serpa elevó la advertencia. «Que nos haya puesto en aprietos O’Higgins, uno de los tantos monstruos de papel que nos empeñamos en crear, no augura un buen futuro», cerró. Y recordó que Recoleta será «otra de esas series donde hay mucho por perder y nada por ganar». La definición por penales le dio vida a Boca, pero el margen, otra vez, fue de un pelo.
