(BUENOS AIRES).- Rodolfo Arruabarrena ya le imprime su sello a la nueva versión de Boca Juniors. El entrenador encabeza una reestructuración profunda del plantel que, según la información oficial del club, combina la llegada de refuerzos puntuales, el regreso de futbolistas que estaban cedidos y la salida de varios nombres que no estaban en los planes.
Entre las caras nuevas sobresale el delantero Adam Bareiro, que llegó para competir directamente por un puesto en el ataque. También se sumaron Santiago Ascacíbar y Leandro Lozano con la misión de "darle mayor solidez al mediocampo y a la estructura general del equipo".
En simultáneo, el Xeneize repatrió a un grupo de jugadores que habían salido a préstamo. Marcelo Weigandt, Gonzalo Maroni, Norberto Briasco y Nicolás Orsini volvieron al club con la intención de ganarse un lugar en el plantel profesional, bajo la atenta mirada de Arruabarrena y su cuerpo técnico.
La depuración del plantel también fue profunda. Dejaron la institución Luis Advíncula, Frank Fabra y Bruno Valdez, ya sea por finalización de sus contratos o por rescisión. A esas bajas se sumó la venta de Oscar Salomón y la cesión de varios juveniles a otros equipos para que sumen continuidad.
La estrategia, impulsada por la dirigencia de Juan Román Riquelme, apunta a un equilibrio entre experiencia, jerarquía y proyección. Arruabarrena busca un equipo que pueda pelear en todos los frentes, con la mira puesta principalmente en los torneos internacionales. Para eso el Vasco necesita que el funcionamiento colectivo aparezca cuanto antes y que los refuerzos se adapten rápido a su idea de juego.
Los regresos de Weigandt, Maroni, Briasco y Orsini no son un detalle menor: cada uno vuelve con la necesidad de demostrar que puede ser una variante válida sin obligar al club a salir al mercado. Arruabarrena ya empezó a evaluarlos en los entrenamientos y define quiénes se quedan y quiénes podrían volver a salir.
El mercado de pases todavía no está cerrado y en Boca no descartan hacer un esfuerzo extra si aparece una oportunidad de jerarquía en algún puesto que el entrenador considere desbalanceado. Mientras tanto, la prioridad pasa por ensamblar las piezas que ya están a disposición y darle forma al equipo que afrontará la temporada.
La etapa de reconstrucción que atraviesa el club no admite demoras: Arruabarrena sabe que el hincha exige respuestas inmediatas y que los próximos compromisos internacionales marcarán el pulso de este nuevo ciclo. El desafío es que el recambio se traduzca en resultados desde el arranque mismo de la competencia.
