(BUENOS AIRES).- “Jugamos el jueves, no podemos frenar”, fue la respuesta desde Ezeiza. La frase resume la decisión de Boca: el plantel se entrenó con normalidad este domingo por la mañana y no detendrá su preparación para el partido del jueves 23 ante O’Higgins por el repechaje de la Copa Sudamericana, a pesar de que el país esté pendiente de la final del Mundial entre la Selección Argentina y España en Nueva York.
El encuentro en la Bombonera define la serie para avanzar a los octavos de final. Esa meta desvela al entrenador Rodolfo Arruabarrena, que busca poner al equipo a punto antes de empezar a trazar con sustento sus objetivos en este primer semestre de su ciclo. La vuelta contra los chilenos es, sin margen de discusión, el partido más trascendental que enfrentó Boca desde la llegada del Vasco.
Licencia para la final
A diferencia de lo que ocurrió en los partidos de la Selección contra Egipto e Inglaterra, esta vez los jugadores no vivirán la final en grupo. Apenas terminó la práctica dominical, todos quedaron liberados para ver el partido junto a sus seres queridos, un gesto que el cuerpo técnico concedió sin que ello implicara aflojar la exigencia.
La decisión no alteró la rutina de trabajo. Ni el viaje a Rosario entre semana para el estreno oficial contra Sarmiento, ni la lluvia del sábado, ni siquiera un país paralizado mirando lo que sucede en Nueva York pudieron frenar el trabajo diario del plantel de Boca. La actividad en Ezeiza se mantuvo con normalidad y los futbolistas completaron la carga prevista antes de desconectarse por unas horas.
La premisa del cuerpo técnico se mantuvo firme: jugar el jueves obliga a no frenar. La cabeza del plantel está puesta exclusivamente en el choque del 23, el compromiso que definirá buena parte del futuro de Boca en el semestre. Cada decisión, incluso la licencia para ver la final, se tomó en función de ese objetivo.
Por eso, a pesar de la enorme expectativa por ver a Lionel Messi y Leandro Paredes en la definición del Mundial, ningún jugador pidió un cambio en el cronograma. La licencia fue solo un paréntesis antes de retomar los entrenamientos con la mira puesta en O’Higgins.
El lunes, la actividad volverá a la normalidad en Ezeiza. Boca necesita dar la talla en la Bombonera para seguir adelante en la Copa Sudamericana y Arruabarrena lo sabe: no hay margen para distracciones, ni siquiera en un domingo de final del mundo.
