(BUENOS AIRES).- O’Higgins recibió una noticia que le devolvió la tranquilidad en la previa del cruce con Boca por los playoffs de la Copa Sudamericana: va a poder jugar de local en su cancha, el estadio Codelco El Teniente. La resolución era seguida con atención en Chile porque condicionaba la planificación de una de las series más importantes del año para el club de Rancagua.
La principal preocupación de la dirigencia chilena pasaba por las exigencias de la CONMEBOL para los partidos internacionales. El Codelco El Teniente no cumplía de entrada con algunos requisitos de capacidad, lo que obligó a evaluar sedes alternativas como el Estadio Nacional de Santiago o el Elías Figueroa Brander de Valparaíso. Sostener la localía en un escenario conocido era una prioridad para el plantel, que quería preservar su identidad en una llave que el propio club definió como “uno de los grandes desafíos del año”.
Con la decisión confirmada, el conjunto dirigido por Lucas Bovaglio ganó la chance de enfocarse de lleno en lo futbolístico. Tener el estadio propio despeja la incertidumbre y le permite al cuerpo técnico preparar el partido sin distracciones mayores, algo que en el club consideraban clave para competir contra un rival de la jerarquía del Xeneize.
Boca, por su parte, llega con la obligación de avanzar en la Sudamericana después de quedar eliminado de la Copa Libertadores. El peso de la historia y la necesidad de recuperar protagonismo internacional le ponen un plus de presión al equipo argentino, que ya sabe que no va a tener una serie sencilla ante un adversario motivado y con rodaje de partidos oficiales.
Esa diferencia de ritmo es uno de los datos que O’Higgins busca explotar. El elenco chileno va a afrontar la serie con más minutos en el lomo, mientras que Boca va a atravesar una pausa por el Mundial de Clubes antes de volver a la acción internacional. Para Bovaglio y sus jugadores, ese desgaste acumulado puede ser un factor a favor si logran imponer la intensidad desde el arranque.
La llave representa el mayor desafío del año para O’Higgins, que quiere dar un golpe histórico en el continente. Aunque enfrente tiene a uno de los clubes más grandes de América, el plantel chileno confía en que la estabilidad organizativa y la localía consolidada le permitan pararse de igual a igual. La serie también los encuentra con la ventaja competitiva de llegar con más partidos oficiales encima que un Boca que deberá retomar el ritmo tras el receso mundialista.
Con la tranquilidad de haber resuelto el tema de la sede, O’Higgins ya trabaja para recibir a Boca con todo definido fuera de la cancha. La serie se asoma como un choque de realidades distintas, donde los chilenos apuestan a su presente continuo y los argentinos cargan con el peso de ser candidatos.
