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Boca, River y la historia del único Superclásico jugado en Miami

 

El partido que se jugó en el Orange Bowl en 2002 terminó con dos expulsados y una invasión de hinchas.

 
Boca
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(BUENOS AIRES).- “Nace el Boca después de Riquelme”, titulaban los diarios de la época. El sábado 15 de junio de 2002, apenas tres días después del 1-1 de la Selección con Suecia que dejó a la Argentina fuera del Mundial de Corea-Japón, Boca disputó en Miami el único superclásico que pisó Estados Unidos. Y la historia se volvió un carnaval: empezó ganándolo, terminó con dos expulsados y River se lo llevó 2-1 con dos goles en tiempo de descuento, ante una invasión de hinchas que saltaron al campo sin consecuencias graves.

El escenario fue el ya demolido Orange Bowl, un estadio de fútbol americano que ya había sido testigo de la Recopa que Boca conquistó en 1990. Mientras el Mundial seguía en Japón, con la MLS todavía gateando y sin Inter Miami en los planes, aquella noche encontró a dos clubes en plena transición: en River debutaba Manuel Pellegrini como entrenador; en Boca, el Maestro Tabárez dirigía un equipo que ya extrañaba a Riquelme, vendido al Barcelona, y a figuras como Serna o Traverso.

Ramón Díaz, que venía de ser campeón del Clausura, había sido despedido por el presidente José María Aguilar, y Pellegrini asomaba con un esquema que los diarios también reflejaron: “River vuelve a defender con 4”. Del otro lado, Boca formó con Abbondanzieri; Calvo, Schiavi, Burdisso, Clemente Rodríguez; Villarreal, Pinto, Giménez; Barros Schelotto, Tévez y Bracamonte. River lo hizo con Comizzo; Franco, Demichelis, Lequi, Escalona; Escudero, Ledesma, Zapata, D’Alessandro; Domignez y Cavenaghi.

Con el entonces presidente de Boca, Mauricio Macri, en un palco junto al gobernador de Florida Jeb Bush, el xeneize pegó primero: a los 7 minutos Nicolás Burdisso cabeceó un centro para el 1-0. El partido se fue calentando y en el primer tiempo llegaron dos rojas directas: Burdisso por una infracción violenta sobre Gabriel Pereyra y el chileno Alejandro Escalona por una entrada igual de dura a Calvo. TyC Sports lo emitió en vivo y las imágenes mostraron que hasta los jugadores de River se llevaron las manos a la cabeza por la falta de su compañero.

Boca tuvo oportunidades de sobra para liquidar la historia, pero entre los palos, el arquero Comizzo y la poca puntería, River sobrevivió. En el minuto 46 del complemento, Matías Lequi igualó con un remate tras un rebote en un centro. Y un minuto más tarde, Juan Pablo Raponi, un enganche de inferiores que a lo largo de su carrera sumaría apenas ocho partidos oficiales en el club, encaró en velocidad al área y definió cruzado para el 2-1. Años después, el propio Raponi contó que fue el mejor gol de su vida y lo festejó sacándose la camiseta.

Ni bien sonó el pitazo final, sin que los agentes de seguridad pudieran detenerlos, varios hinchas invadieron el campo de juego. No se registraron incidentes serios y las dos hinchadas además compartieron la misma tribuna ante las cámaras: los de River a la izquierda, los de Boca a la derecha.

A la mañana siguiente, el plantel millonario celebró en las aguas del océano Atlántico. Boca, en cambio, siguió su pretemporada por Estados Unidos y unos días más tarde sufrió un espejismo en Nueva Jersey: le ganaba 2-0 a los Metrostars y perdió 3-2. Aquel superclásico fue uno de los seis que la historia registra fuera del país. El único de carácter oficial fuera de la Argentina llegaría recién dieciséis años después, con la final de la Copa Libertadores 2018 que River conquistó en el Santiago Bernabéu de Madrid.