(BUENOS AIRES).- "Me dijeron que en el reino del revés, nada un pájaro y vuela un pez", escribió María Elena Walsh. La imagen de aquella canción infantil se volvió postal del fútbol argentino: Boca y River aparecen últimos en sus zonas del Torneo Clausura 2026, algo completamente inédito para los dos equipos más populares del país.
River perdió los dos partidos que disputó en el arranque y mira a todos desde el fondo de su grupo. Boca tropezó en su debut con goleada incluida y también cierra la tabla. Es cierto que el Xeneize recién jugará su segundo encuentro frente a Estudiantes la semana próxima —el partido se postergó porque este jueves se presenta en Chile ante O’Higgins por la Copa Sudamericana—, pero durante al menos siete días la instantánea será una foto insólita.
Repasar los libros de estadística agranda la rareza. Ni siquiera en los tiempos fundacionales, cuando ambos moldeaban su identidad en los potreros porteños y convivían en la máxima categoría desde 1913, se había registrado un comienzo semejante. Jamás, en más de 110 años de Liga, los dos colosos habían coincidido en el fondo de la tabla de un torneo de Primera.
El único antecedente, en una Copa atípica
La historia guarda un único y lejano espejo en una competencia oficial, aunque de carácter absolutamente excepcional: la Copa Suecia de 1958. Aquel certamen fue organizado por la AFA para mantener en competencia a los dieciséis equipos de Primera División mientras la Selección Argentina disputaba el Mundial en Europa. El torneo se dividió en dos zonas de ocho equipos cada una y allí se dio una postal casi calcada.
Tras la undécima fecha, jugada el 29 de junio de 1958, Boca marchaba último en la Zona A con apenas 5 puntos, producto de un triunfo, tres empates y siete derrotas. En la vereda de enfrente, la Zona B mostraba a un River también hundido en el fondo con 6 unidades (dos victorias, dos igualdades y siete caídas). El papelón doméstico se agravaba con el contexto: la Selección acababa de ser eliminada del Mundial tras una goleada por 6 a 1 ante Checoslovaquia, y ese mismo día Brasil se coronaba campeón.
Boca compartió el último puesto con Central Córdoba de Rosario en varias jornadas, mientras que River ocupó el sótano en soledad a partir de la séptima fecha. En la décima y undécima jornada cada uno comandó el fondo de su zona sin compañía. La anomalía se diluyó rápido: la Copa Suecia, que recién coronó a Atlanta como campeón en 1960, quedó como un mero archivo polvoriento. Pero la coincidencia, al fin y al cabo, existió.
Para terminar de medir el presente, los registros muestran que River perdió los dos primeros partidos de un torneo en apenas siete ocasiones (1940, el Metropolitano 1974, la temporada 1988/89 y los Clausura de 1993, 1994 y 1995, además del actual). Boca tiene siete antecedentes de caídas en sus dos presentaciones iniciales: 1916, 1942, 1949, el Metropolitano 1975, el Metropolitano 1984, la temporada 1987/88 y el Apertura 2001. Nunca antes habían coincidido; si el equipo de Arruabarrena cae ante Estudiantes la próxima semana, será la octava vez para el Xeneize y la primera en la que ambos gigantes arranquen un torneo con dos derrotas en simultáneo. El reino del revés, por ahora, los tiene de protagonistas.

