(BUENOS AIRES).- “River sueña con el regreso de Mastantuono y Echeverri”, sostienen desde River Plate, mientras el club ya mueve fichas para repatriar a las dos joyas. La posibilidad de un préstamo desde sus clubes europeos abrió una ventana que en el Monumental no quieren dejar pasar, aunque saben que la competencia será despareja.
La situación de Franco Mastantuono es la que más apuro le mete a la ilusión. El mediocampista, cuyo pase pertenece al Real Madrid, aparece en el radar de Villarreal, Real Sociedad y Sevilla, además de despertar interés en equipos de Italia. Esa pulseada europea es la principal traba para River, porque las ligas de elite no solo ofrecen vidriera internacional sino también una adaptación progresiva al primer nivel, algo que tanto el futbolista como su grupo consideran clave. Aun así, en Núñez no bajan los brazos y entienden que el deseo del jugador y su entorno pueden inclinar la balanza si aparece la garantía de continuidad inmediata.
Claudio “Diablito” Echeverri corre con una lógica parecida. El Manchester City evalúa cederlo para que sume minutos y experiencia, y aunque el destino más natural parece ser otro club del continente, River se mantiene expectante. El paso anterior del chaqueño dejó un vínculo muy fuerte y, puertas adentro, creen que su adaptación sería inmediata, con la chance de transformarse rápido en un jugador determinante para el equipo. La realidad, sin embargo, marca que los clubes europeos tienen ventaja por la cercanía, el seguimiento directo y la proyección dentro del mismo ecosistema futbolístico.
La carta emocional contra la vidriera europea
Frente a la ventaja estructural de los clubes europeos, la dirigencia de River apuesta a un argumento menos tangible. La estrategia no se apoya en el músculo financiero —un terreno donde es difícil competir— sino en el sentido de pertenencia y en la garantía de protagonismo inmediato. “El club apuesta a su proyecto, al sentido de pertenencia y a la posibilidad de que ambos jugadores tengan un rol central”, detallaron cerca de la mesa chica.
Esa apelación a lo emocional se completa con el factor familiar. En otras negociaciones recientes, la comodidad del entorno y la presión más controlada del fútbol argentino inclinaron la balanza, y en Núñez confían en que ese espejo vuelva a jugar a favor. Lo mismo vale para el diálogo directo con los futbolistas y sus representantes, que sigue abierto aunque en estado embrionario.
River ya empezó a moverse con una idea que definen como “tan ambiciosa como compleja: intentar el regreso de dos de sus mayores joyas”. La ofensiva incluye contactos preliminares y un mensaje claro: si Europa no puede asegurarles minutos de calidad, el Monumental les ofrece un atajo directo a la titularidad y al cariño de una hinchada que nunca los olvidó.
Por ahora, todo está en etapa inicial. Los tiempos los manejan el Real Madrid y el Manchester City, dueños de los pases, y la decisión final no se tomará hasta que el mercado europeo se caliente con las cesiones. En River entienden que corren desde atrás, pero también saben que en este tipo de operaciones nada está sellado hasta el último día. Mientras Europa seduce con su poderío económico y deportivo, el sueño de repatriar talento y volver a encender la ilusión sigue intacto en Núñez.
