(BUENOS AIRES).- “No podemos mostrar esta imagen”, dijo Eduardo Coudet después de la eliminación de River de la Copa Argentina. La derrota por 3-1 ante Aldosivi en Salta no fue un golpe aislado: se sumó a otros dos traspiés que marcaron su ciclo y aceleraron el debate sobre su continuidad al frente del equipo Millonario.
La caída en el norte dejó afuera a River en una instancia temprana de la competencia y mostró a un equipo desbordado. El propio Coudet asumió la responsabilidad y fue directo con su autocrítica al reconocer que la actuación colectiva había sido inaceptable. El Tiburón lo superó en intensidad y expuso falencias defensivas que hasta ese momento parecían controladas.
Los otros dos golpes
El primer sacudón para el Chacho había llegado mucho antes, en el Monumental, nada menos que en el Superclásico. Boca se llevó el partido por la mínima diferencia y, más allá del resultado, aquella tarde dejó una sensación de impotencia que empezó a instalar los primeros cuestionamientos entre los hinchas.
El otro antecedente que aún resuena en Núñez fue la derrota como local frente a Atlético Tucumán. Ese partido se convirtió en una señal de alarma porque el entrenador lo calificó como una de las peores producciones desde que asumió. Sin juego, sin reacción y con una imagen muy lejos de la que pretendía transmitir el nuevo ciclo, River regaló tres puntos que agrandaron la lupa sobre el proyecto.
Con la eliminación reciente todavía fresca, Coudet pidió paciencia y tiempo para terminar de armar el plantel. Explicó que la búsqueda de refuerzos seguía abierta y que necesitaban generar competencia en todas las posiciones, aunque también reconoció la urgencia de cerrar rápido las incorporaciones para darle forma definitiva al equipo. Las gestiones por varios nombres propios continuaban en marcha y el técnico pretendía sumar alternativas en defensa y en el mediocampo para elevar la competencia interna de un grupo que, tras el golpe copero, necesitaba renovar energías.
A pesar de los golpes puntuales, los números generales del ciclo le dan cierto respaldo al entrenador. La efectividad durante gran parte de su etapa inicial fue destacada y la cantidad de derrotas resultó baja en comparación con los partidos disputados. El problema no aparece en el promedio, sino en la falta de respuestas en las tardes de máxima exigencia, justo en los encuentros donde la camiseta de River no permite márgenes de error.
Con un semestre cargado de obligaciones, River no tiene espacio para repetir actuaciones como las de Salta. La presión de la camiseta acorta los plazos y Coudet, aunque conserva crédito interno, sabe que su proyecto necesita una reacción inmediata para no desmoronarse antes de tiempo.
