(BUENOS AIRES).- “Fue el sueño más grande de mi vida”, dijo Franco Armani entre lágrimas en la conferencia de prensa que marcó su adiós definitivo de River. El arquero, que defendió el arco millonario durante más de ocho años, protagonizó una despedida cargada de emoción, con el cariño de hinchas, dirigentes y compañeros como telón de fondo de un ciclo que lo convirtió en leyenda.
Desde su ingreso a la sala, recibido con una ovación, hasta el video homenaje que repasó sus mejores atajadas, todo contribuyó al clima de reconocimiento unánime hacia el jugador. Armani no pudo contener el llanto al tomar la palabra y repasar lo que significó su paso por Núñez.
“Después de ocho años y medio inolvidables, llegó el momento de despedirme del club que soñé defender desde que era un niño”, expresó el guardameta, que llegó en 2018 procedente de Atlético Nacional justamente para cumplir ese anhelo de la infancia. Su arribo cambió la historia reciente del plantel que entonces dirigía Marcelo Gallardo.
Durante su etapa en River, Armani conquistó diez títulos y se erigió como figura excluyente de la obtención de la Copa Libertadores 2018 en Madrid, el logro que él mismo destacó como el más especial de su carrera. Esa final ante Boca, con atajadas determinantes en el alargue y la tanda de penales, terminó de forjar un vínculo indestructible con la hinchada. El uno voló para desviar un remate a quemarropa que pudo haber cambiado la historia y después contuvo el disparo definitivo que desató la euforia en el Santiago Bernabéu.
Esa noche en la capital española condensó lo que fue su ciclo completo: seguridad bajo los tres palos, reflejos felinos en las citas bravas y una templanza que contagiaba a todos sus compañeros. No fue casualidad que Marcelo Gallardo lo buscara apenas asumió como prioridad absoluta para reforzar el arco.
Más allá de la cantidad de vueltas olímpicas, su regularidad, su liderazgo silencioso y sus intervenciones en partidos bisagra lo transformaron en un referente absoluto dentro y fuera del campo de juego. Atajó en finales, definiciones por penales y superclásicos; siempre respondió. Su figura queda asociada a una de las etapas más ganadoras de la institución en el último tiempo.
Con 38 años, el pulgar de la mano derecha que lo tuvo a maltraer en el último semestre no le impidió ser titular hasta el cierre del semestre. En su última función en el Monumental, los hinchas le dedicaron un interminable “Armani, Armani” que retumbó en las tribunas. El propio jugador confesó después que se le puso la piel de gallina y que ese reconocimiento valió por todos los sacrificios.
El cierre de este ciclo no implica el retiro del fútbol, sino un regreso a sus raíces. Armani continuará su carrera en Atlético Nacional de Colombia, el club donde también supo dejar una huella imborrable antes de su exitoso paso por el fútbol argentino. En Medellín lo esperan con los brazos abiertos: allí ganó seis títulos locales y una Copa Libertadores en 2016, justo antes de dar el salto a River.
En el tramo final de su alocución, ya con la voz quebrada, Armani agradeció al club y a los hinchas por haberle permitido vivir, según sus propias palabras, “el sueño más grande” de su vida. Así, entre aplausos cerrados y ojos vidriosos, se bajó el telón de una era dorada en River.
