(BUENOS AIRES).- Lionel Messi se refugió en “La Fortaleza”, la mansión que comparte con Antonela Roccuzzo en el barrio privado Kentucky Club de Campo de Funes, tras la derrota ante España en la final del Mundial 2026. La propiedad, valuada en alrededor de 5 millones de dólares y construida sobre tres terrenos unificados, fue bautizada así por la pareja para preservar la intimidad familiar.
El objetivo principal de Messi con la residencia es garantizar la privacidad. Rodeada por una densa barrera de árboles, la casa no tiene timbre tradicional: los visitantes son recibidos mediante cámaras de vigilancia. El barrio cuenta con seguridad las 24 horas y la vivienda está equipada con cristales blindados que aíslan el interior visual y acústicamente.
Uno de los detalles más llamativos es el estacionamiento subterráneo con capacidad para 15 vehículos. Ese sistema permite que figuras como el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, la cantante Nicki Nicole o el músico Luck Ra ingresen y salgan con total discreción, sin exponerse a la prensa ni a los curiosos que suelen agolparse en la entrada del country.
Los lujos de “La Fortaleza”
Con más de 25 ambientes, la mansión incluye un cine privado, un gimnasio profesional con equipamiento de alto rendimiento, una amplia sala de juegos para los chicos y un salón de eventos. Un rincón especial es el sector del árbol de Navidad, donde la familia exhibe camisetas históricas que Messi usó con la Selección argentina, acompañadas por detalles de cada partido.
En el parque sobresale la pileta de dimensiones casi olímpicas, que Antonela Roccuzzo describió como “descomunal”. También hay una pequeña cancha de fútbol donde el delantero suele compartir momentos con sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. Toda la zona está rodeada por arboledas centenarias que bloquean cualquier visión desde las propiedades vecinas.
La casa fue concebida como el lugar donde Messi y su familia se instalarán de forma definitiva cuando llegue el retiro profesional. La construcción, finalizada en 2021, demandó una inversión inicial cercana a los 4 millones de dólares y contó con la supervisión de Jorge Messi, padre y representante del capitán. La residencia ocupa tres terrenos unificados dentro del barrio y fue diseñada para resguardar al máximo la intimidad: una frondosa barrera de árboles rodea el predio y dificulta la vista desde las propiedades vecinas, mientras que la distribución interna divide la casa en tres sectores independientes para que las visitas puedan hospedarse con comodidad sin alterar la dinámica cotidiana de la familia.
El country Kentucky Club de Campo, que abarca 242 hectáreas —90 de ellas urbanizables—, alberga a otros exfutbolistas como Maximiliano Rodríguez y Gabriel Heinze. Messi, que volvió a Rosario en jet privado tras la final, encontró allí la tranquilidad que buscaba para bajar el ritmo después de una temporada intensa y la tristeza de la derrota ante España. La propiedad es mucho más que una casa de descanso: es el lugar donde el capitán argentino proyecta compartir más tiempo con su familia cuando finalice definitivamente su carrera como futbolista.

