RIVER PLATE

Omar Labruna liquidó a Coudet y encendió las alarmas en River «Estoy preocupado»

 

Desgarradora confesión

 
River
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(BUENOS AIRES).- “Estoy preocupado por River. Esperemos que el Chacho pueda levantar”, soltó Omar Labruna y la frase cayó como un baldazo de agua fría en Núñez. La preocupación del exentrenador, hijo de una de las máximas leyendas del club, expone el momento incómodo que vive el equipo de Eduardo “Chacho” Coudet después de un arranque que dejó más dudas que certezas.

Labruna habló en el programa La Vecchia Mañana junto a Fernando Lavecchia y no anduvo con vueltas. Su voz pesa por el apellido y por haber dirigido al equipo en otro ciclo complicado. No fue una crítica estridente, pero sí una señal de alarma genuina: “Estoy preocupado por River”, repitió, mientras los hinchas empiezan a mirar el torneo con el mismo gesto de inquietud.

El presente del Millonario es un combo de análisis y autocrítica. Después de la salida de Marcelo Gallardo, el club apostó por Coudet para construir una identidad ofensiva y protagonista. Sin embargo, los primeros partidos mostraron lagunas en el funcionamiento colectivo y una intensidad que no termina de aparecer, algo que el propio Labruna señaló al pedir que el técnico “pueda levantar” el rendimiento.

El exDT no solo encendió la luz amarilla: también dejó margen para la reconstrucción. Labruna pidió paciencia y contó que confía en que el Chacho pueda revertir el panorama. Esa dualidad refleja la posición de muchos hinchas: saben que los procesos necesitan rodaje, pero la falta de respuestas inmediatas en un club que no perdona tropiezos acorta los plazos.

Coudet llegó con un manual que promete presión alta y vuelo ofensivo, pero hasta ahora el equipo no logró plasmar esa idea con regularidad. La dirigencia, que apostó por un entrenador con experiencia y una filosofía ofensiva, confió en su capacidad para rearmar al plantel tras la salida de Gallardo. Ahora la urgencia pasa por traducir la teoría en resultados concretos sobre la cancha y por encontrar una identidad que todavía no aparece. Cada fecha sin triunfo agranda la incomodidad y expone al entrenador a una revisión más exigente.

La historia de Labruna con la institución le da peso a sus declaraciones. Sabe, como pocos, que en Núñez la evaluación es permanente y que la gente se ilusiona rápido pero también se cansa más rápido cuando el equipo no responde. Su mensaje, lejos de ser una sentencia, funcionó como un llamado de atención con nombre y apellido para que Coudet encuentre el rumbo antes de que la paciencia se agote.

El próximo compromiso asoma como una prueba de fuego para disipar el ruido que crece alrededor del equipo. River necesita ganar, pero sobre todo necesita mostrar una idea que hasta ahora aparece de a ráfagas. El Chacho tiene la palabra y, por ahora, el margen que Labruna y buena parte del mundo millonario están dispuestos a darle.