RIVER PLATE

La decisión de Ramón Díaz que le impidió a River ser campeón del mundo en 1996 «Hoy con el tiempo me lo reprocho»

 

“Pensé que iba a la larga” y guardó a su goleador; 28 años después, el Pelado se sincera

 
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(BUENOS AIRES).- “Hoy con el tiempo te reprochás algo para ser campeón del mundo con River, en aquel partido con Juventus”, confesó Ramón Díaz. A casi tres décadas de aquella final Intercontinental, el exentrenador reveló el arrepentimiento que todavía le da vueltas: haber dejado a Marcelo Salas en el banco en la definición ante Juventus.

El equipo Millonario llegaba a ese cruce en un gran momento. “Yo creo que en esa época el equipo estaba muy bien”, recordó el técnico riojano, que destacó el funcionamiento colectivo pero admitió que enfrente había un rival con una ventaja física determinante.

La autocrítica central de Díaz pasa por la lectura que hizo del partido mientras se jugaba. Su razonamiento fue que el juego se iba a definir en el alargue y decidió guardar al delantero chileno para los minutos finales. “Yo creo que ahí, yo pensando que íbamos a la larga, dejé a Sala en el banco. Y Sala por ahí también tenía que jugar. Eso es lo único que me replanteó”, detalló, todavía con la espina clavada.

En el mismo diálogo, el periodista que lo entrevistaba le marcó otro apellido que generó dudas aquella noche: Sáenz. Le dijo que no entendía por qué no lo había puesto y que, si el partido se estiraba, podían resolverlo en los treinta minutos de alargue. “Bueno, coincidimos”, respondió Díaz, sin profundizar en esa opción táctica.

La diferencia física entre ambos planteles fue uno de los ejes de la charla. El entrevistador remarcó que había “una diferencia física increíble” y que el equipo argentino podía compensarlo con talento. Ramón coincidió con esa lectura y reconoció que “ellos físicamente eran increíbles”, lo que condicionó el plan inicial que había pensado para ese partido.

Aquel River de Ramón Díaz era un equipo de juego vistoso y talentoso, que generó chances pero chocó contra la solidez de un rival que supo aprovechar su potencia. La autocrítica del entrenador se concentra en la gestión de los tiempos: dio por hecho un desarrollo que nunca llegó y la posibilidad de meter mano en el banco quedó trunca. El propio Díaz lo sintetizó con una frase lapidaria: “hicimos un buen partido, pero hay situaciones que las tenés que resolver rápidamente y esa vez no se dio”.

A casi treinta años de aquella noche en Tokio, la frase con la que arrancó la entrevista sigue retumbando: “Hoy con el tiempo te reprochás algo para ser campeón del mundo con River”. Y para el Pelado, esa espina tiene nombre y apellido: Marcelo Salas.