(BUENOS AIRES).- El budín de nueces es el rey de la merienda invernal, pero también es traicionero: un minuto extra de horno y la miga queda seca, casi sin remedio. La buena noticia es que existe un truco de pastelería tan simple como efectivo para que te salga siempre húmedo y sabroso: sumarle mantequilla de maní a la masa. La receta es sencilla y el resultado, imbatible.
Este ingrediente, que conseguís en cualquier dietética o súper, tiene aceites naturales que atrapan la humedad y hacen que el budín se mantenga tierno durante varios días, como recién hecho. El sabor tostado del maní potencia además el carácter de las nueces y le da un perfil irresistible. Pero atención: no la tires al final de la preparación porque es densa y te puede dejar un bollo pesado si no la integrás bien.
El verdadero secreto para que quede esponjoso es el cremado inicial. Hay que batir la manteca pomada junto con el azúcar y la mantequilla de maní por lo menos 3 o 4 minutos, hasta que la mezcla se ponga pálida y duplique el volumen. Ese aire incorporado es el que después le va a dar la estructura liviana que estás buscando. Recién ahí se van sumando los huevos, de a uno y batiendo siempre.
INGREDIENTES
100 g de manteca pomada (a temperatura ambiente)
3 cucharadas generosas de mantequilla de maní (preferentemente 100% natural)
150 g de azúcar (si es rubia o mascabo, mejor)
3 huevos
1 cucharadita de esencia de vainilla
200 g de harina leudante (o harina común más una cucharada de polvo para hornear)
1 pizca de sal
50 cc de leche
100 g de nueces picadas gruesas
El paso a paso de la receta ideal para la merienda
Para arrancar, batí la manteca, la mantequilla de maní y el azúcar hasta obtener una crema homogénea y bien aireada. El cambio de color y de textura te va a indicar que estás en el punto justo.
Agregá los huevos uno por uno, batiendo bien después de cada incorporación, y sumá la esencia de vainilla. No dejes de batir entre huevo y huevo para mantener el aire del cremado.
Después incorporá la harina tamizada junto con la pizca de sal, alternando con la leche. Mezclá con espátula y movimientos envolventes para no perder el volumen que lograste al principio. Tomá la mitad de las nueces picadas, enharinalas apenas —así evitás que se vayan todas al fondo— e incorporalas a la masa.
Volcá la preparación en un molde de budín previamente enmantecado y enharinado. Distribuí por encima el resto de las nueces crudas: durante la cocción se van a tostar y te van a regalar una costra crocante espectacular. Llevá a horno precalentado a 170°C durante 40 a 45 minutos. Sabés que está listo cuando pinchás el centro con un palillo y sale limpio.
El bonus llega cuando lo desmoldás: si querés llevarlo a nivel gourmet, podés sumar chips de chocolate amargo a la masa o bañarlo, ya frío, con hilos de dulce de leche repostero. Cualquiera de las dos versiones vuela de la mesa. La receta no falla y se convierte en la preferida del invierno.
