(BUENOS AIRES).- “Una receta infalible para una tarta de calabaza salada, cremosa y llena de sabor”, promete Paulina Cocina cada vez que comparte uno de esos platos que resuelven cualquier almuerzo o cena. Y esta versión de tarta de calabaza no es la excepción: con ingredientes que seguro tenés en casa y un par de trucos para que la masa quede crocante, se transforma en una de esas recetas que entran en la lista fija de cada semana.
Lejos del pumpkin pie dulce que se prepara en Estados Unidos, en Argentina la tarta de calabaza es un clásico salado bien rendidor. La cocinera lo explicó en su sitio con un consejo que cambia todo: “El gran secreto para un relleno de tarta de calabaza perfecto es quitarle la mayor cantidad de agua posible a la hortaliza”. Por eso en lugar de hervir el zapallo, Paulina lo asa al horno, un método que concentra el sabor y evita que el relleno largue líquido en la cocción.
Ingredientes
1 tapa para tarta (casera o comprada)
1 kg de calabaza (o zapallo)
2 huevos
1 cebolla grande
150 g de queso cremoso o mozzarella
50 g de queso rallado
2 cucharadas de aceite de oliva
Sal, pimienta y nuez moscada a gusto
El paso a paso arranca precalentando el horno a 180 °C. Pelás la calabaza, la cortás en cubos, la ponés en una fuente con un chorrito de aceite y sal, y la llevás al horno entre 30 y 40 minutos, hasta que esté bien tierna. Mientras tanto, picás la cebolla y la salteás en una sartén con aceite de oliva hasta que quede transparente y dorada. Si elegiste masa comprada, pinchala con un tenedor y precocinala 10 minutos en la tartera para que la base no se humedezca.
Cuando la calabaza está cocida, hacés un puré con pisapapas o tenedor y lo dejás entibiar. Después lo mezclás en un bol con la cebolla salteada, los huevos, el queso rallado, la sal, la pimienta y la nuez moscada, integrás todo y volcás la preparación sobre la masa. Colocar antes una capa de queso cremoso o mozzarella en la base le da un toque extra. Llevás la tarta al horno entre 20 y 25 minutos más, hasta que el relleno esté firme y la masa bien dorada.
La receta de base acepta todas las variaciones que se te ocurran. La más clásica es sumarle trocitos de roquefort o queso azul, pero también podés agregar cebolla caramelizada, pollo hervido y desmenuzado, o una capa de espinaca salteada con ajo para sumarle verde. Si hacés la masa casera —Paulina tiene una versión bien fácil—, la tarta gana todavía más; con las tapas compradas sale bárbara y te ahorra tiempo.
El dato final que repite Paulina Cocina en cada preparación: asar la calabaza en lugar de hervirla no solo elimina el exceso de líquido, sino que también le da un dulzor natural que hace que no le sobre ni falte nada. La tarta se conserva hasta 4 días en la heladera si la guardás en un recipiente hermético, así que es ideal para dejar cocinado. Una receta simple, rendidora y que se vuelve adictiva desde el primer corte.
