RIVER PLATE

River acumula 26 partidos sin remontar: la crisis de Coudet

 

El técnico, los refuerzos y la actitud bajo la lupa

 
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(BUENOS AIRES).- River no logra revertir un partido en el que empieza perdiendo desde noviembre de 2024. Esa estadística, que se agravó con la derrota del sábado pasado ante Barracas Central, expone una crisis profunda que combina problemas futbolísticos, anímicos y de conducción. En esos 26 encuentros, el equipo de Eduardo Coudet acumuló 18 derrotas y 8 empates.

El técnico concentra buena parte de las críticas. Sus esquemas se volvieron previsibles y la acumulación de delanteros congestiona el ataque sin lastimar. En el mediocampo, la ubicación de jugadores que prefieren el centro deja sin socios a laterales de la calidad de Montiel y Acuña. Los cambios desde el banco tampoco dieron soluciones: en la final ante Belgrano, demoró el ingreso de un creativo de la talla de Quintero aun con el resultado en contra.

A las malas decisiones tácticas se suma el flojo nivel individual. Lucas Martínez Quarta es el ejemplo más elocuente: tras su paso por Europa y la Selección Argentina, su rendimiento desde que regresó a River es deficiente. Tampoco escapan de la lupa Lautaro Rivero, que ya perdió la titularidad, ni Tomás Galván y Facundo Colidio, que alternan actuaciones aceptables con otras muy por debajo de lo exigido.

El dato de los 26 partidos sin remontadas refleja una falta de actitud alarmante. A diferencia de los equipos de fines de la década pasada, este plantel carece de caudillos capaces de torcer el rumbo ante la adversidad. Apenas recibe un gol, el equipo se desordena y la desesperación sepulta cualquier intento de juego asociado.

La dirigencia tampoco está exenta de culpa. El despido masivo de 15 futbolistas y la promesa de incorporar entre 5 y 7 refuerzos de jerarquía fue un error de cálculo. Hasta ahora, los únicos nombres de peso que llegaron son Nicolás Otamendi y Ángel Correa; el resto son apuestas que requieren adaptación o delanteros que no atravesaban un buen momento en sus clubes anteriores.

El manejo de los apartados generó tensiones innecesarias. Los propios compañeros del plantel principal visitaron a los borrados y compartieron imágenes en redes sociales, una señal de fractura interna. La decisión de alejarlos, justificada en la necesidad de reducir la masa salarial, terminó afectando el clima de trabajo sin que los refuerzos se concretaran a tiempo.

Los hinchas, aunque son los menos responsables, ya no disimulan su hartazgo. El Monumental reprueba al equipo cada vez más temprano y la reprobación masiva corta cualquier atisbo de reacción. Sin un golpe de timón que devuelva la sinergia entre el plantel y la gente, el ciclo de Coudet va camino a un desenlace dramático si no aparecen respuestas futbolísticas urgentes.

El mercado de pases todavía no terminó y River puede concretar algunas llegadas más, pero el tiempo de planificación se consumió y varios de los futbolistas apartados siguen en el club cobrando sus sueldos mientras definen sus salidas.