(BUENOS AIRES).- «¡Soy re culposa!». Sabrina Rojas no dudó en ponerle palabras a lo que siente como madre de Esperanza (13) y Fausto (11). Conductora de Pasó en América, la modelo contó cómo organiza su vida laboral nocturna para estar presente en la rutina de sus hijos y qué es lo que más le cuesta del vínculo con ellos.
La fuerte confesión de Sabrina Rojas
Sabrina Rojas contó que al principio no sabía cómo iba a hacer, pero la vida se acomodó sola. “Lo bueno es que logro ir a buscarlos al colegio y hacer sus actividades extra, como acompañarlos a fútbol o a comedia musical y llevarlos al médico. Entonces puedo estar presente post colegio pero, por supuesto, no ceno en las noches con ellos y ahí tengo una señora que me ayuda, les cocina y se queda con ellos hasta que regreso a casa”, explicó. Y agregó: “Lo único que me mata es que me acuesto muy tarde porque vivo lejos y al otro día me levanto muy temprano para llevarlos al colegio. Agradezco igual que sea de noche porque me deja el día totalmente dispuesto a la dinámica de los chicos”.
Un hábito que la desvela es la siesta mañanera. “A veces los dejo en el cole, vuelvo y me duermo una siestita a la mañana. Pero un poco me desestabiliza eso porque cuando dormís la siestita a la mañana, te despertás tipo 10.30 y sentís que perdiste toda la mañana. Me agarran todas las culpas juntas y entiendo luego que no está mal que duerma un ratito a la mañana”, confesó Sabrina Rojas.
La autocrítica va más allá del sueño. Rojas aseguró que la culpa la persigue incluso cuando está presente. “¡Soy re culposa! Sé que estoy re presente pero se ve que estoy tan presente que las pocas veces que no, me agarra la culpa. Creo que las madres lo somos y sentimos que nunca es suficiente el tiempo que una está con sus hijos”, admitió. Comparó su situación con la de su propia madre, que era solo ama de casa, y reflexionó: “antes las mujeres solo eran mamá y hoy somos todo: madres, mujeres, amigas, laburamos, queremos tener una vida social. (…) Es saludable y está bueno lo que sucede ahora”.
Con Esperanza recién cumplidos 13 años, la conductora nota que sus hijos ya no la demandan tanto. “Cuando son más chiquitos necesitan levantar la vista y que estés. Pero hoy es más un mambo mío que de ellos. Les explico que a veces tengo que laburar todo el día y que no los voy a ver porque tengo que ir a Capital, y ellos me miran como diciendo: ‘Ok, es tu problema, no el nuestro, si nosotros estamos bien’”, relató Sabrina Rojas.
El final de las etapas infantiles la moviliza. Con Fausto terminando la primaria este año, Rojas confesó: “A mí el paso del tiempo me atormenta un poco pero no con lo estético sino con que se terminan etapas que no vuelven. Fausto termina la primaria este año y voy duelando las etapas. Siento que este año se termina la primaria para toda la vida para mí y es como una nueva era”. Recordó la vez que dejó de comprar pañales y sintió una cosita en el pecho, algo parecido al nudo que ahora le genera ver las puertas de sus cuartos cerradas.
Lejos de resolver la contradicción, Sabrina Rojas admitió que intenta convivir con ella. “Aunque trato de amigarme y no sentir culpa, siento que la niñez pasa tan rápido que uno nunca está lo suficiente”, cerró. Mientras tanto, su rutina sigue repartida entre los estudios de América TV y el colegio de sus hijos, con la certeza de que, por más culpa que sienta, la presencia diaria está garantizada.
