(BUENOS AIRES).- “El problema de Alan son los diez palos”. La frase de Rodolfo Arruabarrena, después del triunfo por Copa Argentina, no fue una crítica sino un respaldo público. Y en Rosario, Alan Velasco volvió a devolverle esa confianza con un gol que rescató un punto para Boca ante Newell's.
Velasco ingresó a los 30 minutos del segundo tiempo en lugar de Villa y apenas seis minutos después apareció en el área para clavar el 2 a 2. Flores desbordó por la derecha, dejó en el camino a Russo y metió el pase atrás; Aranda, con mucha lucidez, la dejó pasar de primera y Alan Velasco controló para sacar un zurdazo potente que dejó sin chances al arquero.
El festejo contó tanto como el gol. En lugar de buscar una cámara, Velasco salió disparado hacia el banco de suplentes, abrazó a sus compañeros, apretó el puño con bronca y descargó todo. Un desahogo que reflejó el momento que atraviesa el delantero.
La revancha de los "diez palos"
Con este gol, Alan Velasco ya suma cuatro tantos en sus últimos ocho partidos con la camiseta de Boca. El grito en Rosario fue el segundo desde la llegada de Arruabarrena: el anterior lo había marcado ante Sarmiento, por la Copa Argentina, con un remate desde afuera del área que abrió aquel partido.
Detrás del presente de Velasco hay una revancha personal. Lleva un año y medio en el club y cargó durante mucho tiempo con el peso de una inversión millonaria, una cifra con la que convivió más que con su fútbol. De a poco, esa mochila empieza a alivianarse.
Arruabarrena entendió desde el primer día que el desafío no era solo encontrarle un lugar en la cancha, sino también sacarle de encima el peso de esos famosos diez palos. La apuesta fue liberarlo para que juegue, se anime y vuelva a disfrutar. La producción de Velasco empieza a parecerse a la del futbolista desequilibrante que Boca fue a buscar, una señal de que el trabajo silencioso del Vasco da resultados.
Las semanas de respaldo y confianza del cuerpo técnico empiezan a traducirse en números y en actitud. Alan Velasco está respondiendo: cada vez que le toca entrar o ser titular, transmite otra seguridad. Boca lo festeja y el pibe recupera protagonismo justo cuando el equipo más necesita opciones de ataque.
