(BUENOS AIRES).- “más grande del continente”, reconoció el presidente de Recoleta. Y Boca, con otro semblante tras ganarse el derecho a respirar, afronta este martes la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana sin la presión de una final. El equipo de Rodolfo Arruabarrena repite la formación que encontró su mejor versión y va por un resultado que encamine la serie en Paraguay.
El Vasco mantiene la misma alineación que viene de jugar su mejor partido del ciclo ante Vélez. Sebastián Villa, el refuerzo más caro del mercado, sigue relegado al banco; el titular por la banda es el pibe Leo Flores, que respondió con explosión y atrevimiento y armó una sociedad de Boca Predio con Tomás Aranda. Esa dupla no solo genera presente, sino que ilusiona a futuro.
Mientras aguarda por el debut de Enner Valencia —la idea es ponerlo a punto—, Boca vuelve a tener a Miguel Merentiel como referente de área. El uruguayo no se siente cómodo como nueve, pero cumple la necesidad que el propio técnico le reconoció. Los goles, mientras tanto, los está aportando un volante: Ascacibar acumula tres al hilo ante Newell’s, Estudiantes y Vélez y se convirtió en un arma que los rivales todavía no lograron neutralizar. Con el Ruso en esa función y Delgado como rueda de auxilio, Leandro Paredes encontró por fin los laderos para hacer su juego.
Enfrente está un Recoleta para respetar: en la fase de grupos se sacó de encima al Santos de Neymar y a San Lorenzo en el Gasómetro. Su propio presidente definió la serie como un cruce histórico y no escondió la admiración por el rival, al que calificó como “el más grande del continente”. Aun así, Boca parte con otra talla y la obligación de hacer pesar la chapa.
El Xeneize persigue esa actuación internacional que le devuelva el prestigio que perdió con distintas eliminaciones, sobre todo tras quedar afuera de la Libertadores en fase de grupos frente a la Católica en la Bombonera. El antecedente inmediato en la Sudamericana tampoco ayudó a recuperar la mística: superó a O’Higgins con angustia, perdió en Rancagua y pasó por penales. Esta vez la búsqueda es diferente: dar un golpe de autoridad desde la ida.
La escenografía también colabora. Boca se sintió cómodo en la cancha de Huracán, donde le ganó a Estudiantes y empató con Vélez en su producción más convincente. Después de un ciclo que arrancó con todas las urgencias —Copa Argentina, los 16avos de la Sudamericana y el inicio del torneo—, el equipo tiene ahora un pequeño margen para jugar de otra manera.
El Vasco quiere encaminar la clasificación y que la gente vuelva a identificarse con el equipo de una vez por todas. La revancha, dentro de siete días en Paraguay, definirá el pasaje a los cuartos de final.
