(BUENOS AIRES).- La casa de Claudia Villafañe queda en una zona residencial del norte del conurbano bonaerense y responde a una idea clara: líneas contemporáneas, algunos toques clásicos y un concepto minimalista pensado para la vida en familia, con vista directa al agua desde el fondo del terreno.
Los grandes ventanales son el recurso central de la vivienda. Borran el límite entre el interior y los jardines, y dejan que la luz natural se convierta en la verdadera protagonista de los ambientes, todos amplios y resueltos con una paleta de tonos neutros que combina blancos, grises y negros.
La cocina es lo que ella misma define como el corazón del hogar. Está integrada al living en concepto abierto, con una isla central de mármol claro y gabinetes negros brillantes que sostienen el contraste, además de electrodomésticos de última generación empotrados en los muebles.
El detalle que rompe el monocromo
Ahí aparece lo único que se sale de la paleta. Seis banquetas altas de color rojo intenso, con patas metálicas, rodean la isla y funcionan como el golpe de color de todo el ambiente, en una casa donde el resto de las superficies se mantiene deliberadamente neutro.
Sobre la mesada hay un objeto que no es decorativo y que cuenta una parte de su historia. Es el trofeo de MasterChef Celebrity, que quedó a la vista en el espacio donde se cocina todos los días, y no guardado en una vitrina como suele pasar con ese tipo de premios.
En el living los sillones son voluminosos y la circulación fluida aparece como la prioridad del diseño. Hay cuadros puntuales y texturas que aportan calidez, con algunos detalles de color que rompen el monocromo sin llegar a sobrecargar ninguno de los espacios.
El exterior completa la propuesta con galerías, jardines y sectores de descanso con vistas abiertas al agua. Ese vínculo directo con el paisaje refuerza la idea de una casa grande y contemporánea, lejos del lujo ostentoso y más cerca de una historia de familia y estilo personal.
