(BUENOS AIRES).- «No quiero ser su amiga. Es obvio que yo me quiero quedar acá pero no para ayudarla a ella. No le creo nada», le confesó Danelik a Brian Sarmiento en el baño de la casa de Gran Hermano, apenas horas después de haber regresado a la competencia. Las palabras confirmaron lo que ya había anticipado con un gesto a cámara en el reencuentro con Luana Fernández, la jugadora que la eligió para volver y que ahora deberá convivir con ella durante varios días.
Las nueve participantes que aún siguen en carrera recibieron la chance de invitar a un excompañero para que las acompañe por unos días. Luana Fernández fue la primera en tomar la decisión y, para sorpresa de todos, llamó a Danelik. Ambas habían construido una amistad muy estrecha al inicio del reality, pero con el correr de las semanas el vínculo se quebró por completo y terminaron en veredas opuestas. Antes de la eliminación de Danelik, pelearon fuerte y quedaron más que enfrentadas.
Cuando la producción le comunicó a Danelik que debía reingresar, ella no sabía quién la había pedido. Al descubrir que se trataba de Luana, no pudo disimular el shock. «¿Vos me elegiste?», repitió inmóvil, mientras Luana corría a abrazarla y le decía: «Te quiero. Nos merecemos otra oportunidad». Durante ese abrazo, Danelik miró a cámara e hizo un gesto con la mano que transparentó su disgusto y dejó perfectamente claro lo que pensaba del momento.
Poco después, en el baño, Danelik se encontró con Brian Sarmiento y le dejó en claro su postura: «Le quiero decir que le voy a dar una mano pero que no quiero jugar con ella». El exparticipante intentó acercar posiciones y le sugirió que charlaran para recomponer la relación, pero Danelik no quiso saber nada. Su desconfianza hacia Luana era absoluta, y no ocultó el fastidio por haber sido elegida justamente por la persona con la que había roto relaciones de la peor manera antes de abandonar la casa.
El gesto que Danelik le dedicó a la cámara mientras Luana la abrazaba no pasó desapercibido para los seguidores del programa. La ex participante no necesitó palabras para exhibir su malestar: el ademán con la mano fue elocuente y funcionó como una declaración de intenciones antes incluso de la charla con Sarmiento. Con ese movimiento, Danelik le avisó al público —y de paso a la producción— que su reingreso no implicaba un borrón y cuenta nueva.
Luana, por su parte, es una de las jugadoras más polémicas de esta edición y viene de protagonizar varios cruces fuertes dentro de la casa. Su decisión de elegir a Danelik sorprendió porque ambas habían terminado muy mal, y la reacción de su ex compañera confirmó que la herida sigue abierta. La apuesta de Luana por una reconciliación chocó de frente con la determinación de Danelik de mantenerse al margen de cualquier alianza.
Ahora las reglas del juego las obligan a compartir equipo durante los próximos días. No hay tiempo para arrepentimientos ni margen para dar marcha atrás con la invitación. La casa ya vive la tensión de este reencuentro inesperado, que arrancó con un gesto de reprobación a cámara y terminó con una confesión a solas en el baño: Danelik volvió, pero no para ayudar a Luana.
