(BUENOS AIRES).- “Lloré en la ducha para que mi hijo no me vea”, confesó Flavio Mendoza, quien contó que una decepción sentimental lo llevó a llorar a escondidas de su hijo. El artista recordó aquel momento como una situación de profundo dolor. La confesión surgió mientras repasaba una experiencia amorosa que lo afectó especialmente.
La decepción personal quedó en el centro de su relato. “Que una persona me decepcione, es lo que más me duele”, aseguró Flavio Mendoza. El artista vinculó esa afirmación con el episodio que lo llevó a llorar en privado y con la tristeza que, según explicó, no quiere volver a atravesar. Su relato se concentró en el efecto que tuvo la actitud de la otra persona, más allá de la disculpa posterior.
La persona que lo decepcionó le pidió disculpas y le aclaró que no había tenido esa intención. “Aunque me pidió disculpas y me aclaró que no fue su intención, a mí me llevó a una situación muy triste que no quiero volver a repetir”, explicó Flavio Mendoza. La aclaración no impidió que el artista describiera el episodio como una experiencia que no quiere repetir, porque el malestar ya lo había llevado a llorar a escondidas de su hijo.
El verano pasado, Flavio Mendoza volvió a apostar al amor, según contó al repasar el vínculo. La última visita del artista al programa de Mirtha Legrand quedó ligada a ese momento: allí contó públicamente que estaba en pareja. Esa mención generó un mal trago y luego quedó asociada a la reacción de la persona con la que estaba.
La persona aludida no le habló a Flavio Mendoza durante cuarenta y ocho horas después de aquella visita. “Él no me habló por cuarenta y ocho horas”, contó el artista al describir el momento posterior a la mención pública de la pareja. Ese silencio le generó una profunda desilusión y se convirtió en el hecho concreto que desencadenó sus dudas sobre la continuidad del vínculo.
La actitud de esa persona generó en Flavio Mendoza la duda de si quería seguir con el vínculo. “Me desilusionó tanto su actitud que me generó la duda si realmente quería seguir estando con él”, explicó. La frase mostró que el problema no quedó reducido a las cuarenta y ocho horas sin comunicación: también puso en cuestión la continuidad de una relación por la que había vuelto a apostar.
La reflexión sobre el amor cerró el relato de Flavio Mendoza. “Yo ya soy grande, no me tengo que estar ocultando, no estoy haciendo nada malo, soy una persona amando a otra”, expresó. Con esa definición, el artista planteó que no tiene por qué esconder sus sentimientos. El relato quedó concentrado en tres datos: volvió a apostar al amor el verano pasado, atravesó cuarenta y ocho horas sin que la persona aludida le hablara y lloró en la ducha para que su hijo no lo viera.
