(BUENOS AIRES).- “Esta no soy yo, nunca había sido así antes”, dijo Lindsay Clancy, según el testimonio de su madre, Paula Musgrove. El 23 de agosto de 2026, Lindsay Clancy dejó su juicio encaminado hacia las deliberaciones finales del jurado, después de que la fiscalía presentara a un psiquiatra evaluador que sostuvo que podía distinguir el bien del mal al momento de los hechos. El caso enfrenta dos versiones sobre su estado mental.
El 24 de enero de 2023, la exenfermera Lindsay Clancy estranguló a sus tres hijos en el sótano de su casa en Duxbury, Massachusetts, utilizando bandas elásticas de ejercicio. Para cometer el ataque, envió a su esposo, Patrick Clancy, a retirar una cena y comprar medicamentos, con un cálculo de unos 25 minutos para su regreso. Después saltó desde una ventana del segundo piso en un intento de suicidio.
Cora, de 5 años, y Dawson, de 3, murieron ese mismo día. El bebé Callan, de 8 meses, falleció tres días después en el hospital. Clancy sobrevivió a la caída, pero quedó paralizada de la cintura hacia abajo.
Los primeros días de agosto, testigos y peritos de la fiscalía recrearon la escena del crimen y presentaron registros telefónicos. Los fiscales sostuvieron que esos datos demostraban que Clancy había planificado las distancias y los tiempos del trayecto de su esposo para actuar con rapidez y racionalidad. Entre el 7 y el 8 de agosto, amigos cercanos y excompañeros de trabajo la describieron como una madre dedicada y cariñosa, aunque señalaron un deterioro visible de su ánimo y una severa ansiedad durante las semanas previas a la tragedia.
Entre el 12 y el 14 de agosto, la defensa presentó registros médicos sobre la búsqueda de ayuda psiquiátrica de Clancy. Esos documentos mostraron que en los meses anteriores había tomado múltiples medicamentos psiquiátricos y que incluso se había internado voluntariamente. El 15 de agosto, la atención se concentró en sus secuelas físicas y en su presencia en la corte en silla de ruedas debido a las lesiones de la caída.
Paula Musgrove, madre de Lindsay, declaró entre el 18 y el 19 de agosto que su hija le había confesado, un mes antes de los hechos, tener “pensamientos de hacerle daño a los niños”. La mujer también relató que Lindsay repetía la frase “Esta no soy yo, nunca había sido así antes”. Los psicólogos y psiquiatras forenses convocados por la defensa declararon el 20 de agosto que Clancy sufría psicosis posparto severa y trastorno bipolar. Según esos especialistas, el día del crimen atravesó un “delirio altruista” y escuchó voces externas que controlaban su cuerpo.
El 21 de agosto, la defensa cerró la presentación de sus testigos y sostuvo que la acusada no tenía responsabilidad penal. Ese mismo día, cientos de mujeres vestidas de rosa se manifestaron frente al tribunal de Plymouth para visibilizar fallas en la atención de la salud mental materna. La fiscalía comenzó su etapa de refutación entre el 22 y el 23 de agosto con un psiquiatra evaluador que dictaminó que Clancy era completamente capaz de distinguir el bien del mal cuando ocurrieron los hechos. El próximo paso del proceso será la evaluación de las pruebas y los testimonios por parte del jurado.
