(BUENOS AIRES).- “Si nos hubiéramos encontrado en otro mundo, en otro momento, podría haberte amado libremente con todo mi corazón”. La frase, uno de los diálogos más recordados de Moon Lovers – Scarlet Heart: Ryeo, resume el espíritu de una serie que se convirtió en un fenómeno y que ningún fanático de las series chinas debería dejar pasar. Basada en la novela “Bu Bu Jing Xin” de Tong Hua, publicada originalmente en 2005, la producción coreana demostró que una buena historia de época, política palaciega y romance trágico trasciende fronteras y se anota entre los grandes títulos para cualquier maratón de series chinas.
La trama sigue a Go Ha Jin, una joven del presente que, tras un accidente, viaja mil años atrás hasta la era Goryeo. Allí despierta en el cuerpo de Hae Soo, una muchacha que la obliga a navegar las reglas brutales de la realeza. Lo que empieza como un choque cultural con toques de humor —“No es un crimen querer vivir”, le espeta en un momento— se convierte en una guerra descarnada por el trono tras la muerte del Emperador. Hae Soo queda atrapada sin remedio en las intrigas de los príncipes y en un conflicto que la va desgastando emocionalmente a lo largo de los 20 episodios. A diferencia de la mayoría de los k-dramas, la serie fue producida por completo antes de su estreno, una rareza que se explica por la complejidad de filmar semejante despliegue sobre la marcha.
El elenco es uno de los más corales y parejos que haya dado el género. Lee Joon Gi interpreta al cuarto príncipe Wang So, un hijo humillado y abandonado por su madre que carga con una cicatriz física y un rechazo familiar que marcan cada una de sus decisiones. A su lado brilla Kang Ha Neul como el octavo príncipe Wang Wook, la primera contención amorosa de Hae Soo, en una interpretación que muchos críticos calificaron de brutal. La protagonista recae sobre IU, quien debuta en un papel dramático de peso con una Hae Soo luminosa y testaruda. El reparto lo completan figuras como Nam Joo Hyuk, Ji Soo y Kang Han Na, actores que por entonces eran jóvenes promesas y que gracias a sus trabajos en esta serie se consolidaron en el panorama nacional coreano.
La crítica internacional no fue unánime con el resultado. La publicación especializada The Fangirl Verdict le otorgó una calificación final de C+ y definió el conjunto como un proyecto de alto perfil que no cumplió con lo esperado por su guion desparejo, la dirección y ejecución bruscas y las actuaciones irregulares. La reseña señaló que la historia resultó desconcertante y desigual, con pequeños chispazos de adicción y una gloriosa nota positiva en Lee Joon Ki. Sin embargo, desde su estreno en 2016, la serie fue un éxito absoluto entre los espectadores y se la considera uno de los mejores dramas históricos coreanos (sageuks) realizados hasta la fecha, un título que engancha y fascina a partes iguales.
El príncipe maldito y el romance imposible
La gran apuesta de la serie es la construcción de Wang So. Siempre al filo entre la brutalidad y la vulnerabilidad, el personaje encuentra en Hae Soo la primera persona que lo mira sin miedo. La escena del episodio 8, cuando ella le quita la máscara y él se lo permite tras cierta resistencia, está tallada en el corazón de los seguidores. En ese momento, Lee Joon Ki pronuncia las palabras que definen la entrega total de su personaje: le dijo que podía ponerse en sus manos, que hiciera lo que quisiera y que desde ese instante él le pertenecía. La reseña de The Fangirl Verdict no ahorró elogios para el actor y afirmó que Lee Joon Ki es fascinante y bastante maravilloso en esta serie, a pesar de que su personaje tiene un comienzo un poco titubeante. Esa intensidad salva a la serie de sus propios baches narrativos y construye una lealtad a prueba de todo en el espectador.
La belleza de la puesta en escena es otro de los pilares que explican su vigencia en las recomendaciones de series chinas de cabecera. La elección de paisajes, palacios y locaciones naturales está filmada con una fotografía que exalta cada textura del vestuario y cada cambio de estación. La nieve, la lluvia y los interiores palaciegos son parte de una identidad visual que acompañó a una banda sonora igual de cuidada. La serie incluye algunas de las escenas más épicas del género —hay una secuencia bajo la lluvia que las redes todavía veneran— y también un puñado de momentos muy divertidos, sobre todo en el primer tercio de la historia, antes de que la madurez de los personajes y el peso del poder se lleven puesto cualquier atisbo de liviandad.
El cierre es uno de los más debatidos del drama coreano. En el episodio 19, Hae Soo decide dejar el palacio pese a los ruegos de Wang So, y en el desenlace ella despierta como su yo moderno, recordando su amor épico, mientras él queda completamente solo en su propia línea temporal. The Fangirl Verdict se preguntó por qué la serie no se animó a mostrar un reencuentro agridulce en el presente, una decisión que dejó a los fans con la tristeza del “qué pudo haber sido”. La producción cerró su recorrido con la frente alta: un título imperfecto, visceral y estéticamente rotundo que no le escapó al dolor de sus personajes. Para cualquier lista de series chinas históricas que valgan la pena, Moon Lovers sigue siendo una cita ineludible.
